Si es amor, no duele

>>> Este artículo aparece publicado en Yorokobu

Cuenta una adolescente de un instituto de Móstoles que después de años de charlas sobre violencia de género en las aulas de su centro, fue con el monólogo que Pamela Palenciano llevó a su clase cuando por fin pudo identificar una realidad que no siempre se ve. En No solo duelen los golpes, Palenciano no cuenta únicamente el maltrato que sufrió por parte de su novio Antonio cuando tenía 12 años y hasta los 18, sino que habla de toda esa violencia casi imperceptible que domina muchas de las relaciones de pareja desde la adolescencia y que a ella le vendieron con el cuento del amor romántico. Con la idea de que si es amor, tiene que doler.

«Ojalá alguien me hubiera contado a mí lo que yo les cuento ahora a los adolescentes. Ojalá me hubieran explicado que por amor no se sufre, que hay abrazos que duelen», explica Palenciano. Lleva más de 14 años compartiendo su experiencia personal a través de un monólogo que ha recorrido escuelas, institutos, centros sociales, teatros y plazas.

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«No solo duelen los golpes fue la primera frase que me soltó mi psicóloga cuando empecé terapia», explica Palenciano. En ese momento entendió que la violencia no solo son los gritos, la humillación o las amenazas, sino que violencia es también cualquier forma sutil de dominación sobre la otra persona. «Mi novio bailaba break dance y cuando le dije que yo también quería bailar, enseguida me contestó que si lo hacía, con lo guapa que yo era, todos sus amigos se pondrían a babear conmigo».

Entonces Antonio pasó del cabreo a ponerse nervioso: «Bueno, si quieres bailar, baila pero ha llegado Carlos de Córdoba y ese tío es más guapo que yo, y baila mejor el cabrón». Y de ahí, Antonio saltó al chantaje emocional entre lágrimas. «Y ya verás que acabarás dejándome por él».  Y entonces ella, que ya estaba loca por su príncipe, creyó que si Antonio lloraba así es porque la quería de verdad.

Poco a poco, todo se convirtió en una insinuación de lo que ella tenía que hacer para que todo estuviera bien y de lo que ella era culpable y responsable, hasta que más tarde llegaron los insultos, la violación y los intentos de matarla. «Solo mucho tiempo después, me di cuenta del miedo con el que había vivido esos seis años», añade.

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Una a una, en su monólogo Pamela desglosa las dinámicas violentas que dominaron su relación y que al exponerlas, absolutamente sin filtros, atraviesa de arriba a abajo a los adolescentes o adultos que inmediatamente pasan de espectadores a protagonistas. Al terminar, borbotean las reacciones. Se escuchan las lágrimas, los aplausos y muchas voces que agradecen y que quieren compartir experiencias similares. «En los institutos, las chicas suelen sentirse muy identificadas, mientras que los chicos se sienten incómodos, algunos resoplan, miran para otro lado, porque todos cuestionan sus privilegios de género», cuenta. «En realidad que les incomode es un síntoma de que el monólogo está sirviendo porque aunque en ese momento niegue su identificación con el relato que estoy haciendo, puede que algún día le ayude a revisarse».

Y de un monólogo que sigue rodando llega ahora también el libro, Si es amor, no duele, publicado por Black Birds, con ilustraciones de la artista de El Salvador Sonia Lazo y que ha escrito la pareja de Palenciano durante los últimos 10 años, el escritor salvadoreño Iván Larreynaga.

Él, junto con Celia Garrido, la acompañan en cada uno de las representaciones que recorren las aulas y juntos tratan de sostener el debate que siempre se genera al final del monologo. «Muchas veces es imposible responder a todas las preguntas que surgen, necesitaríamos mucho más tiempo y poder hacer un trabajo más a largo plazo porque después de una experiencia como la del monólogo, que mueve e incomoda, las criaturas necesitarían de verdad un acompañamiento», explica Larreynaga. «Siento en los chicos una mirada de complicidad hacia mí, entienden que si soy pareja de Pamela tengo que representar un modelo de masculinidad distinto», añade.

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El libro no es una transcripción del monólogo, «es un precioso diálogo, un acompañamiento entre ambos. Se escucha a Pamela, también se le escucha a Ivan y se aprecian muchos matices, emociones y reflexiones que en el monólogo no se pueden percibir porque se va muy rápido», explica Garrido. «He pasado los últimos 10 años con Pamela, he participado desde detrás en su monólogo en cientos de lugares y centros, una experiencia que me ha atravesado totalmente y que me ha ayudado a colocar nombres y palabras a lo que me sucede como hombre, como hermano, hijo y también como padre. Si vivo y me he criado en una sociedad machista, es imposible que yo no lo sea, independientemente de que yo no quiera o de que haga todo lo posible para no serlo», añade Larreynaga.

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El texto es también una forma de ofrecer una guía allá donde el monólogo no llega, especialmente útil en los espacios educativos. «Hay muchos y muchas jóvenes que hablan de amigas a las que les gustaría llevar a ver No solo duelen los golpes, pero que no saben si están preparadas para recibirlo. Creemos que el libro puede ayudar mucho en estos casos porque es más sutil, llega más despacio», añade.

Tuvieron que pasar seis años para que Palenciano se reconociera como víctima de la violencia de género, algo que, dicen los expertos, sigue sucediendo entre las adolescentes. No se reconoce el problema en un contexto como el la violencia machista cada vez está más extendida entre los adolescentes, según alertan las cifras del INE o los informes de organizaciones que trabajan con jóvenes, como la fundación ANAR.

Mientras, las campañas de prevención de este tipo de violencia, tanto las dirigidas a los adolescentes como a la sociedad en general, siguen apelando a las mujeres, a su necesidad de protegerse, de pedir ayuda cuando el maltrato ya ha llegado y sin embargo, no apuntan a la urgente necesidad de cambiar un modelo de amor y un modelo de sociedad absolutamente desigual, machista y violento.

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«En muchos centros educativos, hay profesores y profesoras que no están de acuerdo con el discurso de mi monólogo porque lo consideran un discurso político y que intentan, de algún modo, boicotear las sesiones. Ocurre lo mismo desde las direcciones de educación de algunas Comunidades Autónomas para las que hablar de un cambio profundo de las cosas, les incomoda», explica Palenciano.

Insiste Palenciano en la idea de que, efectivamente, «lo personal es político». Y para muchas jóvenes, su valor para salir adelante y elegir compartir su experiencia para tratar de cambiar el orden de las cosas le ha convertido en todo un referente. Es difícil no estar con ella en un bar o acompañarla en una manifestación y que no se acerque una joven a darle un abrazo, a hacerse una foto o a compartir un «gracias, tu monólogo me impactó»; «gracias, tu monólogo me ayudó a ver muchas cosas que nadie me había nombrado».

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