“En Jerusalén, Israel trata de que cada turista se haga partidario del colonialismo sionista”

>>> Esta entrevista aparece publicado en el diario Público.

Son las 11 de la mañana y huele a hora de la comida en la asociación de mujeres de A-Thuri-Silwan, en Jerusalén oriental. Abeer Zayaad, la única arqueóloga palestina trabajando en Jerusalén, nos espera sentada en la mesa y rodeada de un grupo amplio de mujeres. En el centro una olla humeante con Horaq osbao, un delicioso plato palestino elaborado a base de pasta, lentejas y especias. Son las 11 de la mañana, esto solo es el desayuno.

Abeer Zayyad es una de las fundadoras de una asociación local de Jerusalén Este que nació hace más de 10 años para apoyar a las mujeres del complicado barrio de A-Thuri, en Silwan, donde los asentamientos colonos no han dejado de crecer en los últimos años y donde el abandono en servicios a sus más de 20.000 residentes palestinos por parte de la municipalidad israelí es tan obvio como la basura que se amontona en los containers. “De todo este abandono y violencia, las principales víctimas somos las mujeres”, explica Abeer mientras sirve los platos. “Son los niños y las mujeres los que más sufren la violencia de la ocupación y la violencia del sistema patriarcal en el que vivimos”.

Zayaad es la única mujer arqueóloga palestina trabajando en Jerusalén, una labor absolutamente imprescindible para mantener la identidad de una parte de la población local frente a la narrativa dominante impuesta por Israel en la ciudad.

Para Zayaad, en la construcción de esa narrativa, Israel ha optado siempre por poner la arqueología al servicio de sus propios intereses y desde su propia manera de entender la ciencia. En una entrevista publicada hace más de 10 años, Eilat Mazar, una reconocida arqueóloga israelí y nieta del precursor de la arqueología en el país, Benjamin Mazar, lo dejó claro: “trabajo con la Biblia en una mano y las herramientas de excavación en la otra. Eso es lo que hacen los arqueólogos bíblicos. La Biblia es la fuente histórica más importante y por lo tanto merece una atención especial

Para Zayyad, esa perspectiva religiosa que Israel aplica a la arqueología es intolerable y representa la base de gran parte del argumentario con el que justifica su dominación en Jerusalén y en el resto de Cisjordania.“La arqueología es una ciencia que depende del artefacto y de los restos arqueológicos, no de los mitos o la religión”.

“Israel siempre ha utilizado la arqueología como una excusa para ocupar Palestina”, Abeer Zayaad, arqueóloga palestina en Jerusalén

“Israel siempre ha utilizado la arqueología como una excusa para ocupar Palestina y controlarla recurriendo constantemente a la justificación de los derechos históricos y las alegaciones sobre su existencia en esta tierra hace 3000 años. Su reclamación de Jerusalén como propiedad exclusiva, el establecimiento del Estado de Israel y la ocupación de todo el territorio de Palestina se basa en este mito y es la razón que ofrece a los países extranjeros para presentarse como el propietario nativo de esta tierra y presentar a los palestinos como refugiados de otros países árabes que pueden regresar en cualquier momento allí donde pertenecen”, explica.

En su libro “Jerusalén, la ciudad imposible”, el Doctor en Historia y activista israelí Meir Margalit coincide con Zayyad al señalar directamente al uso que Israel hace del mito bíblico de una “Jerusalén única, eterna e indivisible que gira alrededor de la premisa de que la ciudad es de los israelíes desde las épocas bíblicas del rey David , por lo que la parte oriental de la ciudad en realidad no ha sido ocupada sino recuperada”. Para el autor, que trabajó durante más de 30 años como concejal en Jerusalén representando al partido pacifista Meretz, este mito “avala el derecho de propiedad o la titularidad israelí a la ciudad desde una perspectiva teológica e histórica, convirtiendo a sus funcionarios en portadores de una misión trascendental”.

Para justificar esta propiedad absoluta sobre la ciudad, la arqueología israelí margina de todo el relato la huella palestina en Jerusalén. “La marginación es integral para todos los períodos históricos no judíos, especialmente los sitios arqueológicos que datan de las épocas bizantina o islámica, en un intento de difuminar la identidad palestina de todos estos monumentos y resaltar su carácter judío como exclusivo”, añade Zayyad.

Los riesgos de contraponer la narrativa dominante

Con un control férreo de la municipalidad sobre toda la industria cultural de la ciudad -como cualquier faceta de la vida- es prácticamente imposible para los arqueólogos palestinos ejercer su profesión. Zayyad actualmente trabaja en la Mezquita de Al Aqsa, administrada por la institución del Waqf Islámico Jordano-Palestino, donde realiza estudios arqueológicos y publica artículos. En 2009, cuando todavía trabajaba para el Museo de la Torre de David pudo experimentar en primera persona la férrea censura estatal cuando escribió un artículo en el que argumentaba por qué la Biblia debería ser tratada como un texto religioso y no histórico.

Su artículo apareció publicado en árabe en varias páginas web precisamente para abordar la marginación de los palestinos de Jerusalén de toda la literatura arqueológica, que por lo general solo está disponible en hebreo e inglés. “Las inexactitudes históricas en la Biblia ya han sido probadas”, escribía entonces. La reacción del gobierno municipal, encargado de la gestión de la Torre de David, fue muy severa. Zayyad recibió correos de odio y amenazas de muerte, se publicaron imágenes suyas y su dirección personal y fue despedida de su trabajo, en una resolución exigida por el propio alcalde de Jerusalén, Nir Barkat.

“Es muy triste que muchos turistas prefieran hacerse fotos con los soldados israelíes que torturan y agreden a nuestras familias y a nuestros hijos”

Por supuesto que había arqueólogos israelíes que, como ella, acusaban al gobierno de Israel de utilizar un tipo de arqueología no científica, pero el artículo de Zayyad era más peligroso porque apelaba a los propios palestinos. “Los pueblos árabes y el pueblo palestino se se mantienen en la ignorancia”, explica Zayyad, “al igual que los turistas”.

“Muchas organizaciones arqueológicas comparten mi denuncia del uso de la arqueología por parte de israelí, incluso organizaciones judías, pero a menudo muchos no expresan publicamente sus posturas por temor a ser acusados de ser antisemitas. Se olvidan de que los árabes también somos semíticos, y que la crítica a la ocupación no persigue la difamación de la religión judía ni la discriminación en contra de ella. Estamos en contra del colonialismo y no en contra de la religión, muchos también olvidan que los palestinos somos multirreligiosos, musulmanes, cristianos, judíos, drusos, etc y que todos sufrimos las consecuencias del colonialismo. El problema no es religioso, sino colonización y derechos humanos”, explica Zayyad.

Desde la publicación de aquel artículo, Zayyad ha sido enviada a prisión e incluso agredida por parte de la policía israelí en numerosas ocasiones. Con sus palabras, la arqueóloga asume que es el precio que tiene que pagar por ser palestina en una ciudad ocupada y por elegir no quedarse callada. “En 2014, la policía israelí me arrestó después de agredirme injustificadamente. Me causaron fracturas en ambas manos y lesiones en el cuello, la espalda y las rodillas, fracturas que todavía hoy me siguen afectando. Mientras me llevaban arrestada, me quitaron por la fuerza el hijab y me empujaron tirándome de los pelos durante casi un kilómetro. Más tarde, cinco policías testificaron diciendo que yo les había agredido y atacado antes. Afortunadamente, una persona estuvo en el lugar filmando lo sucedido desde el principio, lo que aportó pruebas claras de que me atacaron de una manera absolutamente innecesaria porque yo no había atacado a nadie. Eso me ayudó a salir de prisión pero se que si no hubiera una grabación, habría pasado varios años de mi vida en prisión”.

Hace unos meses, el informe anual de la Misión de la Unión Europea en Jerusalén, al que tuvo acceso la prensa, ponía la voz de alarma sobre el uso que Israel está haciendo del turismo y de los sitios arqueológicos para legitimar asentamientos ilegales en los barrios palestinos de Jerusalén. “Los proyectos turísticos y arqueológicos desarrollados por las instituciones gubernamentales así como las compañías privadas de colonos, han establecido una narrativa basada en la continuidad de la presencia judía en el área a expensas de otras religiones y culturas”, apunta el informe.

“Muchos lugares arqueológicos son administrados de forma privada en la ciudad de Jerusalén por instituciones de colones financiadas por el gobierno israelí y otros donantes. Estas instituciones se establecen en tierras palestinas bajo el pretexto del servicio público y acaban impidiendo entrar a los propietarios originales a sus propias casas. El caso más paradigmático es el de la denominada Ciudad de David y el Parque Arqueológico que han levantado allí, que además de realizar excavaciones bajo las casas palestinas, provocado graves riesgos para sus habitantes, se dedican a falsificar hechos históricos”.

Las consecuencias de un turismo masivo y desinformado

“A los turistas les recomendaría pararse a hablar con los residentes palestinos de la ciudad y escuchar su propia historia”

Para Zayyad existe una estrategia clara de que los turistas que visitan la ciudad reciban única y exclusivamente la visión israelí de la historia, con circuitos cada vez más controlados en los que la identidad palestina aparece como un simple decorado y no como parte de la población local de la ciudad. “Los turistas que vienen a Jerusalén solo reciben la narrativa sionista y oficialmente, nadie puede recibir la narrativa o el punto de vista palestino. Incluso los hechos y datos arqueológicos objetivos están prohibidos. Cualquier guía turístico que intente presentar una historia diferente de la narrativa empleada por el gobierno israelí, pierden su licencia y dejan de trabajar. Y toda persona que ofrezca el servicio de guía, incluso a título personal, puede ser procesado, violentado o incluso detenido en cualquier momento. A pesar de que Jerusalén es patrimonio universal y cualquiera debería tener derecho a ofrecer su visión de la ciudad”.

“Al turista que llega a Jerusalén se le lava el cerebro con mitos y mentiras sionistas, donde le dicen que los palestinos son criminales y ladrones de los que tienen que protegerse. Se insiste en explicar que los palestinos son los ocupantes que atacan a los judíos, que se apropian de sus hogares por la fuerza, y no al revés, que es precisamente lo que está sucediendo. Con su estrategia, tratan de que cada turista se haga partidario del colonialismo sionista presentándose como la víctima en lugar de como los perpetradores de una ocupación denunciada internacionalmente”.

La arqueóloga palestina apunta a la necesidad de que, tanto la población palestina como los propios turistas, puedan acceder a más versiones de la realidad en la ciudad y también que exista un cuestionamiento más activo del relato imperante. “Debería existir una disponibilidad real de libros de identificación, mapas y páginas web en varios idiomas para identificar hechos históricos y arqueológicos. Debería haber programas para la población local que les informara objetivamente de la verdadera historia de su ciudad. Los turistas que vienen en grupo siempre deberían preguntar cuál es la evidencia arqueológica de cualquier narrativa que se les presente y los que vienen individualmente, les recomendaría pararse a hablar con los residentes palestinos de la ciudad y escuchar su propia historia de sus propios labios. Los palestinos somos gente muy amable que hablamos idiomas y que siempre mostramos una mente abierta frente al encuentro con el otro. Pero es muy triste comprobar que un gran número de turistas prefieren hacerse fotos con los soldados israelíes que torturan y agreden a nuestras familias y a nuestros hijos”.

Las mujeres palestinas en Jerusalén, víctimas de una doble violencia

Paseando por el barrio en el barrio A-Thuri, Zayyad nos explica que tanto las mujeres con las que trabaja en la asociación como, en general, las mujeres palestinas en Jerusalén sufren una doble discriminación, fruto de la ocupación pero también de la sociedad profundamente patriarcal en la que viven. “En Jerusalén soy la única mujer palestina que trabaja en arqueología en Jerusalén. En otros lugares de Cisjordania hay algunas mujeres trabajando en este campo pero en general somos muy pocas y la inmensa mayoría son hombres. Debido a que nuestra sociedad es una sociedad patriarcal, existe una clara distinción en trabajos, y a la hora de participar en investigación o conferencias internacionales y locales, los hombres siempre tienen prioridad y privilegios. Es un reflejo de lo que ocurre con la situación general de la mujer en Palestina, que sufre la violencia de fuera, a través de la ocupación, pero también desde dentro”.

Jerusalén, un lugar más hostil para los palestinos desde que Trump anunció el traslado de su embajada

A los pocos días de que EE. UU anunciase el traslado de su embajada de Tel Aviv a Jerusalén, la reacción de muchos palestinos era la de que nada podía en realidad empeorar una situación ya de por sÍ insoportable. Para Zayyad, sin embargo, este gesto ha servido para legitimar y hacer más hostil el maltrato hacia la población palestina en la ciudad.

“La situación en Jerusalén después de la decisión de Trump de trasladar aquí su embajada no ha hecho más que empeorar la crítica situación que la comunidad palestina lleva décadas sufriendo en la ciudad. Ha aumentado el número de edificios demolidos bajo el pretexto de que no se otorgan más licencia, (cuando Jerusalén fue ocupada en 1967, Israel confiscó la tierra, dejando solo el 13% del territorio de la ciudad para los palestinos pero también prohibió la construcción en ese mismo 13% entre 1967 a 2015. A los palestinos solo se nos han dado 5.000 permisos de construcción en la parte oriental de Jerusalén, en contraste con los 55.000 permisos que se han otorgado a los israelíes que viven en la Jerusalén ocupada. El número de detenciones se ha incrementado especialmente contra los niños. Los ataques contra la mezquita Al-Aqsa y el número de cámaras que dan a los patios de la mezquita no han dejado de crecer. Ha aumentado el número de efectivos militares en la ciudad y las construir de torres de control frente a la Puerta de Damasco que limitan, aún más, el desplazamiento económico y civil de la población. Ha empeorado el racismo y la presión ejercida sobre los palestinos, especialmente en el sector de servicios a la hora de poder abrir o mantener los negocios. Se han incrementado la presión para cambiar el currículo palestino por el israelí en las escuelas palestinas, como una forma de eliminar la identidad palestina en los textos que los niños estudian. Cada vez se ataca más cualquier actividad, no solo política, sino artística y cultural, llevada a por las asociaciones palestinas en Jerusalén con la amenaza y el arresto sobre los organizadores…”

“La decisión de Trump, en definitiva, está logrando legitimizar aún más todas las medidas ejecutadas por Israel para la rápida judaización de la ciudad y la expulsión de sus habitantes palestinos nativos”.

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