El entrenador de las causas imposibles

Desde hace un tiempo, e invitada por el siempre maravilloso Pepo Jimenez (@Kurioso), colaboro con el equipo editorial de Pienso, Luego Actúo, una plataforma en la que contamos historias de personas anónimas que un día decidieron crear proyectos con los que dar un giro a sus vidas y llamar a la acción.

Esta es una de las historias que he publicado en #PiensoLuegoActúo


Hubo un día en el que Carlos, persiguiendo su sueño de convertirse en entrenador de fútbol, se acercó a la federación madrileña de este deporte a pedir información para hacer un curso. Al otro lado, alguien se rio, lo que hizo que Carlos, sin dudarlo, respondiese: “¿Me estás diciendo que porque estoy en silla de ruedas no puedo formarme para entrenador de fútbol?”. Al otro lado, la risa contestó: “Te garantizo que no vas a poder formarte”. A lo que Carlos respondió: “Pues yo te garantizo que esta semana va a llamar mucha gente para decirte que esto es muy injusto”.

“Me vine arriba sin saber muy bien lo que estaba diciendo”, confiesa. La realidad es que así fue: apenas unos días después, la Federación recibió un aluvión de firmas (más de 75.000) a través de la plataforma Change.org, exigiendo un cambio en la normativa que impedía a las personas en silla de ruedas acceder a la formación de entrenadores de fútbol. Unos días más tarde, la normativa cambió.

“Lo que más feliz me hace de todo este proceso es que lo que hemos conseguido queda para todas las personas. No se trata de que a mí me hayan permitido prepararme para ser entrenador, sino que hemos eliminado una norma injusta y cualquier persona puede ahora beneficiarse de ello”.

El mundo como terreno de juego

Escuchando a Carlos, una puede llegar a entender el mundo como un gran equipo en el que cada persona apoya a los demás desde su lugar, desde donde puede. Algunos desde la defensa, otros desde el lateral izquierdo, desde la media punta, y otros, como él, desde el banquillo. El ejemplo de esa gran verdad le llegó a Carlos, que hoy tiene 36 años, a través de su padre y de su abuelo, que cada semana superaban su fobia a las aglomeraciones para acompañarle, en su pasión por el fútbol, a los partidos en el Vicente Calderón. “Estaban siempre a mi lado, superando su miedo, y esa era su forma de mostrarme su cariño”, explica Carlos.

Aunque siempre ha experimentado la vida desde una silla de ruedas, solo asumió su falta de movilidad como un problema real cuando se la hicieron sentir los adultos. “Los niños no tienen límites, no conocen el miedo, quieren jugar contigo y les da igual que golpees la pelota con el pie o con una rueda. La discapacidad se convierte en un problema cuando entramos los adultos en ello”. Le pregunto a Carlos cómo levantaron esa barrera los adultos: “En el trato, en la forma de interactuar conmigo, pensaban que me iba a romper”.

E insiste en resaltar este punto con una frase que debería aparecer mañana en todas las paradas de autobús: “Lo peor de la diversidad funcional es que muchas veces no son tus piernas, tu cuerpo o tu cerebro el que te incapacita, sino la sociedad”.

La discapacidad te descubre un mundo diferente

En la conversación voy entendiendo enseguida lo que está detrás de ese ímpetu con el que Carlos respondió a aquella persona que cuestionó su capacidad para ser entrenador de fútbol: nunca se ha limitado a identificarse con las dos ruedas de su silla. Él es todo lo que puede llegar a imaginar y, de hecho, se ha dedicado a tantas cosas que pierde la cuenta al enumerarlas.

Cuando le preguntamos por la enfermedad que le subió a una silla desde niño, Carlos sobrevuela la respuesta, no por rechazo (pienso yo), sino porque prefiere centrar nuestra atención en otras cosas. Nos habla, por ejemplo, del tiempo que no ha tenido que perder con personas de cartón piedra. “La discapacidad te descubre todo un mundo diferente que es la leche. No puedes andar, ¡pues ya ves tú! Te permite conocer a muchísimas personas, conocerlas realmente porque la gente que no es real, que no tiene realmente un buen fondo, no se va a acercar a ti, no le interesas. Entonces ya te ahorras muchas cosas”.

Quizás fue aquella perspectiva distinta que alcanzaba a percibir desde su silla la que le hizo empezar a interesarse en el banquillo. También su abuelo, que desde muy pequeño empezó a llamarle míster. “Ves un fútbol diferente, el que no se ve estando en el campo sino solo desde el banquillo. El entrenador es el que mejor entiende la importancia del equipo más allá de los jugadores individuales”. Para Carlos, lo iré descubriendo a lo largo de toda la entrevista, la comparación del mundo con la idea de equipo es una constante.

Recuperar la ilusión con el fútbol femenino

Hubo un día en el que a Carlos el fútbol dejó de interesarle.

Descubrió cosas del deporte que con las que no se identificaba: los hinchas enfurecidos, los comentarios fuera de lugar, el racismo… Cosas que se alejaban demasiado de lo que él era y quería ser como persona. “También me di cuenta del negocio que existe con la ilusión de muchas personas. El deporte no es algo que deba ser elitista y limitado a la clase alta; el deporte es del pueblo y para el pueblo”.

Un día, su amiga Lucía (que le acompaña siempre y que también estaba a su lado cuando inició la petición por el cambio de normativa) le invitó a un partido de la liga de fútbol femenina. Era en el Vicente Calderón, en el mismo estadio en el que su padre y su abuelo superaban sus fobias cada semana por acompañarle a él. Con aquel partido, con esa otra forma de competir que percibió en el campo, Carlos recuperó la ilusión por el deporte. El míster estaba de vuelta. “Para mi representa lo que realmente es el fútbol. Si hoy alguien quiere de verdad ver un deporte que no esté comercializado, que no esté vendido, les invito a que vean la liga femenina porque es apasionante”.

Pero eso sí: si alguien quiere ver un partido de la liga femenina, que se arme de paciencia. “En la tele o en Internet puedes ver cualquier partido de fútbol de cualquier parte del mundo, pero de la liga de fútbol femenina es imposible”. Y al contarlo, Carlos vuelve a indignarse. Como si al otro lado estuviera la risa del que le retó a seguir adelante con sus propósitos.

Por eso ahora, la meta de Carlos está en el terreno de juego. “Tan importante como que los discapacitados entremos en el mundo del fútbol es que se equipare el fútbol femenino con el masculino”, explica. ¿Por qué nadie conoce a las jugadoras de la liga femenina? ¿Por qué no empiezan los niños y las niñas a intercambiarse cromos con sus nombres, como hemos hecho generaciones y generaciones con los jugadores de la liga masculina? Él sabe muy bien que está es una carrera de fondo en la que, sin duda, quiere participar y en la que está dispuesto a proponer y “pelear” todas las pequeñas metas que hagan falta para cambiar la realidad.

A Carlos se le ilumina la sonrisa al hablar de la lista de planes que tiene para el futuro. “Como entrenador no tengo un sueño, tengo miles de sueños. Sueño con estar en todos los banquillos femeninos de España; sueño con viajar por todo el mundo con equipos femeninos; por soñar, sueño con ganar la Champions femenina con la Real Sociedad o con el Rayo Vallecano”.

Carlos sabe muy bien que las barreras hacia la igualdad se multiplican a cada paso, que superada una, aparecen las demás. Pero el míster sabe muy bien que no hay barrera que se interponga a un buen equipo y que lo importante es poner siempre la energía en el siguiente partido.

 

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