Ya no venden abrazos en las farmacias

Nunca me enseñaron a dar abrazos. Suena a excusa, excusa fácil, pero hoy que tenía mi cita con Hacienda, junto a los números y los retrasos, lo he declarado. “Necesito devolver todos los abrazos que nunca he dado.”

El funcionario encamisado me ha mirado y con el talante propio de un jueves y último día de campaña me ha contestado: “lo siento joven, pero necesitará acreditarlo con copia certificada y acuse de recibo compulsado.”

Sin palabras me he ido pensando en como justificar mis abrazos no dados. Pensé en los años, las ganas, las lágrimas. Pensé en las tardes jugando, las noches a su lado, los días tras día con ellas hablando. Recordé algunos consejos, los besos, cada vez más años, los intentos, las palabras y sus versos, las hogueras y los cuentos. También, como siempre, pensé la ilusión y pensé los sueños.

No encontré la respuesta.

Al llegar a casa Alba, que ya es médica con sello, me dejó una receta sobre el suelo. He ido a la farmacia y aquel hombre dejó de sonreír y se puso serio.

“Lo siento joven pero ya hace tiempo que no los vendemos”.

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