Carta abierta al grito protesta,

Señor grito de la Puerta del Sol,

Me gustaría empezar por las ganas contándote quien soy. No puedo, soy nadie, solo estoy. Aprendiendo a gritar con tus gritos, aprendiendo a pelear el hastío.

Yo grito porque tú gritas, mi grito nació cuando gritabas.

Los gritos callados de antaño salieron por fin, con el Sol, del armario. Salieron sin amos, vencieron a engaños, unieron a todos los que allí juntamos las manos. Contigo recordé que yo también gritaba y que la esperanza nace de las buenas jugadas. Eres un grito sin pretensiones, color o naciones. Eres el grito protesta, sin arma ni bandera, que nos ayuda a creer, de nuevo, en que del grito nacen las respuestas.

Nos hicieron creer en la nada, la acción no contaba, perder la ilusión de las manos alzadas. ¿Creer en política?¡Qué burrada!, cuando con ellos creímos que política eran solo sus palabras.

 Hablo por mí, señor grito, gracias por despertarme del hastío. Creí que ya nadie me representaba y contigo aprendí que es la gente que grita, la que miro y me mira, sonríe y respeta, ama, comenta y escucha, ayuda, cree, confía, opina, actúa. Lucha. Esa es la gente por la que me siento representada.

 Porque aquí, señor grito, hay gritos paisano, gritos con granos, gritos a secas. Hay gritos silencio, gritos mirada, todos con gestos, hay gritos pancarta. Hay gritos que suenan de dentro, gritos que salen afuera. Aquí lo que no hubo son gritos cualquiera ni gritos a medias.

 Hay gritos que te devuelven a tu patria cuando patria es gritar juntos, por el cambio, desde una plaza.

 Están los gritos de aprender a gritar y los otros que te despiertan la pancarta olvidada.

 Yo grito porque tú gritas, mi grito nació cuando gritabas.

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4 comments

  • Ayer volví de viaje (de estos en los que desconectas móviles, ordenadores y cerebro) y me encontré con la gente que-no-existe sentada en las plazas. Aún sigo conmovida, aturdida, sonriendo sin saber si esta alegría es embriaguez y acabará en resaca… Por ahora la disfruto, no somos la generación de las madres de 16 años, del Gran Hermano y la superficialidad, no somos la generación que nos bombardean desde Catodia. Aunque esto acabe en humo, siempre nos quedará el consuelo de que existimos. (¡Qué gran semana!)

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