Niebla en pluscuamperfecto

Majdal Shams, con 9.000 habitantes, es el más grande de los pueblos en los Altos del Golán ocupados por Israel en 1967. Uno de los pocos pueblos que sobrevivieron a ser destruidos. De mayoría drusa, siguen siendo sirios para Siria y ciudadanos israelíes para Israel. Apenas el 10% ha aceptado un “derecho” a “ser” israelíes que les permitiría moverse libremente por Israel pero no poder pisar muchos países árabes. Tampoco Siria, un país en guerra que siguen anhelando.

Complicado lugar para la construcción de identidades. Un paseo entre edificios para entender la realidad de las ausencias. Ningún edificio emana entre sí ni un mínimo atisbo de armonía arquitectónica. Las casas se levantan sin apenas mirarse en las de al lado. Resulta más fácil recorrer los metros de distancia con la frontera que encontrar similitudes entre sus tejados.

Familias separadas a un lado y a otro de una línea ficticia. La frontera que sembraron con minas no pudo, sin embargo, acallar la intensidad de los gritos. Antes de que el conflicto en Siria se intensificase, eran muchos los que se reunían en la última calle de Majdal Shams para gritar a sus familias al otro lado, en el pueblo más al borde del borde de Siria.

En Majdal Shams no viven Israelíes. Sus asentamientos permanecen alejados de un pueblo y unas personas, los drusos, de los que no saben demasiado. Una se pregunta ingenuamente por qué querrían los israelíes apropiarse también de este lado del mundo. El agua y precisamente eso, el lado del mundo en el que se encuentran. Controlar la frontera con Siria permite también controlar el no regreso de los refugiados palestinos en el país vecino. Un no regreso que, a pesar de las minas y los soldados, cada año, siguen persiguiendo. Y muriendo por ello.

La niebla nos hace decidirnos a quedarnos un día más en Majdal Shams. Además de darnos de cenar y apretarnos unos cuantos abrazos, Salman nos ofrece las camas en la casa al lado a su organización, Al Marsad, la primera organización de derechos humanos fundada en los Altos del Golán.

Salman nos habla de distancias mientras nos tomamos un té y comemos.  La hospitalidad, el cariño, las buenas costumbres. Siempre permanecerán las cosas que nunca entendieron de fronteras.

Altos del Golán.

Niebla. Una terraza con vistas al fin del mundo. Ahora mismo – desconocido momento – Siria está a unos metros más allá y aquí –complejo lugar- la ocupación es niebla amortiguada por el olvido. Pesan los olvidos cuando quisieron ocupar hasta los recuerdos.

Niebla y fechas ocupan a veces tanta  memoria que suceden en tiempo pluscuamperfecto.

Niebla en la terraza con vistas al fin del mundo. Hace una eternidad y un día de aquella vez en que quisimos correr y acabamos empapados.

La niebla esconde los metros más allá que nos separan de Siria y sin embargo, en este desconocido momento y complejo lugar, vuelve a llover –vuelvo a empaparme- aunque la lluvia moje ahora en pluscuamperfecto.

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