Los alemanes que prestan una habitación a los refugiados que llegan a su país

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Cuando Marieke Geiling, una joven alemana de 28 años, supo que pasaría la mayor parte del año viviendo en Egipto decidió que tendría que alquilar su habitación en el piso que compartía con su novio Jonas Kakoscheke en Berlín. Pero entonces pensó: ¿por qué no dejar mi habitación a una persona refugiada?

A Geiling, como a muchos ciudadanos de Alemania y de toda Europa, le indignaba la forma en la que su Gobierno estaba gestionando la situación de las personas refugiadas. Unos días más tarde, ya estaba instalado en su habitación Bakari, un maliense que había llegado primero en barco hasta Italia y que en Alemania había vivido varios meses en la calle.

Para costear el alquiler de la habitación, Geiling y su novio Jonas pidieron ayuda entre sus amigos y familiares mediante microdonaciones. En dos semanas tenían cubierto el precio de la habitación para los siguientes nueve meses.

A partir de aquella experiencia, Geiling y Jonas, junto a su amiga Golde Ebding, pusieron en marcha en noviembre del año pasado Refugees Welcome (Flüchtlinge Willkommen, en alemán), un proyecto para conectar a personas refugiadas y solicitantes de asilo con ciudadanos alemanes con ganas de abrir las puertas de sus casas y cambiar la situación de las personas que tienen que abandonar su país.

«Queríamos hacer algo para evitar la estigmatización de las personas refugiadas que llegan a un nuevo país y tienen que vivir muchas veces hacinados en lugares desde los que es casi imposible integrarse», explican por correo electrónico.

El proyecto ya ha conseguido que 122 personas refugiadas compartan piso en distintas ciudades de Alemania y Austria, donde ya ha surgido un proyecto hermano. Cuando una persona con una habitación disponible se da de alta en la web, se pone inmediatamente en contacto con una organización cercana en la que pueden encontrar a un refugiado o solicitante de asilo en su ciudad.

Y como en el proceso normal de alquiler de cualquier habitación, las personas se conocen, dialogan y si todo va bien, empiezan a compartir piso. Desde Refugees Welcome les apoyan en la búsqueda de financiación para costear el alquiler, bien a través de microdonaciones, bien con el apoyo de organizaciones de asilo. Hay ciudades, como Berlín, en las que también existen ayudas del gobierno local para cubrir la vivienda de las personas refugiadas.

El éxito ha sido abrumador: más de 1.000 personas han ofrecido su casa para compartir; cerca de 1.100 personas refugiadas se han inscrito para formar parte del proyecto; y les han llegado peticiones para replicar la iniciativa desde Estados Unidos o Australia.

 “Sentí que era mi deber superar mis propias limitaciones y seguir adelante con mi idea de que personas con culturas radicalmente distintas pueden vivir juntas”

Sin embargo, Geiling explica que les falta capacidad y tiempo para gestionar todo el proceso. «Mucha gente apoya el proyecto y cree que la idea es brillante, pero el proceso es largo. Tenemos que tratar de buscar personas que puedan encajar y hay veces que en el momento del traslado tienen miedo de que vayan a tener que cuidar de los individuos que entren en sus casas», añade.

Un miedo que, reconoce, ella también tuvo cuando abrió las puertas de su casa, pero que superó por convicción. «Sentí que era mi deber superar mis propias limitaciones y seguir adelante con mi idea de que personas con culturas radicalmente distintas pueden vivir juntas». La mejor prueba de ello es que hasta ahora todas las experiencias que han pasado por el programa han sido muy positivas y enriquecedoras. «Es una nueva forma de recibir a las personas refugiadas en la que todos ganamos», explica.

Alemania es el país europeo que recibe mas solicitudes de asilo. Si el Gobierno había calculado que en 2015 llegarían a las 450.000 peticiones, más del doble que en 2014, las últimas estimaciones apuntan a que puede llegar a las 800.000. En la mayoría de los casos, las solicitudes son de personas que huyen de conflictos como el de Siria. Y aunque realmente Alemania es, junto con Suecia, uno de los países que más refugiados acoge, muchas personas opinan que el sistema no favorece la integración real de los recién llegados.

Sobrepasadas, las instituciones locales a menudo alojan a los refugiados en antiguos colegios, edificios abandonados o ciudades donde la población local les rechaza, como el ataque que sufrieron centros de acogida de Heidenau por parte de grupos neonazis. Sin la posibilidad de trabajar y la ausencia de contacto con la población del nuevo país, es difícil imaginar cómo se puede iniciar una nueva vida.

Iniciativas como la de Refugees Welcome o como la de ese grupo de personas que la semana pasada recibía entre flores y aplausos a un autobús con refugiados sirios demuestran que la solidaridad sigue siendo esa capacidad humana para la que no hay fronteras que valgan.

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