De dramas y lamentaciones

Los dramas son dramas, para que vamos a negarlo. Están ahí, igual que las alegrías, viviendo entre nosotros. Luego está, más allá de ellos o corriendo al mismo tiempo, la lamentación que el drama en sí provoca. Normalmente –si aceptamos que los dramas son igual de normales que los adverbios- la intensidad de la lamentación es directamente proporcional a la fuerza del drama.

Esto sería lo normal. Lugares comunes, circunstancias distintas, repetidas y de sobra conocidas.

Pero también está la otra parte. La de la aceptación y la superación del lamentarse. El drama sigue ahí, las cosas ya no cambian y la nueva realidad forma parte íntegra de la jugada. Como el color negro de tus pupilas dilatadas o esa manía insuperable de morderte las uñas cuando callas. Pero existe un punto, un lugar en el tiempo, en el que empieza –o continúa- la libertad del ser humano para reducir la intensidad del lamento. Por fuera pero sobre todo por dentro.

Después llegan joyas como el documental “María y yo” y te reafirmas en tu creencia en aquella otra libertad que tiene el ser humano de poder darle un poco la vuelta al drama sin que el drama tenga que hacerse invisible. Ahí sigue igual pero, con sonrisas y la magia, la realidad se hace menos drama y la vida se hace más sana.

Nuestro drama deja de serlo cada vez que te ríes.

De hecho, desde que descubrí tu capacidad para reírte sin parar, el drama se hizo tan pequeño que a veces me olvido de que la realidad cambió hace un tiempo y nosotros vivíamos en un mundo algo distinto. Ahora nos llenamos de rituales que se repiten en un bucle infinito. También tus chistes o nuestros mecanismos para que empiece el espectáculo sin igual de tu risa singular. Y como siempre, la risa gana y a aquella, como al drama, ya es imposible negarla.

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2 comments

  • Maldigo el día en el que no pueda reirme de cualquier cosa que me pase… Genial entrada que me ha venido como un guante.
    Saludos!

    • me alegro mucho de que te haya servido el guante 😉 Cuando puedas, disfruta del documental de María y yo que seguro que te da un armario entero de razones para vestir los malos momentos con otro tono. Besines viajero incansable

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