Mil maneras de soñar de día

Hace mucho tiempo que sueño. Sí, lo se, soñar es tan intrínseco al ser humano como el respirar, el comer, el sentir, el hablar. Tan natural y puro como cantar.

El problema es cuando creemos que apenas se sueña de noche.

Yo no recuerdo nunca mis sueños de noche. Siempre lo digo, esa especie de trauma. Por eso  dejo a Aran -mi amiga, vecina y compañera de desayunos- que me cuente los suyos. Aran no escatima en detalles. Yo dejo, sonriendo, que ella me cuente, que se explaye. Y entre tostadas y cereales me los cuenta a cucharadas. Es algo así como vivenciar sueños que yo no he soñado pero que podrían ser míos -por eso de que yo no me acuerdo.

Lo que se me da muy bien es soñar de día. Construir planes sueños. Desde hace un tiempo – o dos, o tres, o cientos- ronda por mi cabeza y la de unas cuantas más un sueño proyecto.

A veces los proyectos dan miedo. Pero luego encuentras a emprendedores en mitad de un desierto como Jorge, un auténtico wayuú colombiano.

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