El pelo afro sigue siendo un campo de batalla

>>>> Este artículo aparece publicado en Yorokobu.

Sucede muchas veces que las cuestiones de estética tienen poco que ver con lo superficial y mucho con la identidad, la represión, la historia, los derechos. La reivindicación de una niña africana por mostrar sus rasgos africanos en un país africano lo acaba de poner de manifiesto de nuevo.

Zulaikha Patel, de 13 años, se rebelaba y salía a las calles junto con muchas compañeras de su instituto en la ciudad sudafricana de Petroria para protestar frente a las normas de conducta del centro que les empujan a alisar su pelo en pos de una estética más «cuidada» y menos «excéntrica».

Después de recoger cerca de 30.000 firmas para frenar lo que consideran normas discriminatorias, el pasado martes estudiantes, madres y padres volvían a salir a la calle.

Gritaban no a la imposición continuada de la cultura blanca en el sistema educativo de un país dominado hasta hace poco más de 20 años por la segregación del Apartheid.

La foto de Zulaikha, con su puño en alto y su exuberante cabellera afro, o esa otra con sus brazos cruzados frente a la autoridad representada por un hombre blanco, eran carne de cañón para la viralidad.

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Y lo consiguieron. El hashtag #StopRacismAtPretoriaGirlsHigh, que también ha llegado a los timeline de España, ha despertado de nuevo el profundo debate en Sudáfrica sobre el pelo y el significado político e identitario que tiene para la población africana, especialmente para las mujeres.

Estudiantes de otros colegios e institutos del país se han unido a las protestas, demostrando que este no es ni mucho menos un caso aislado.

«Lo que estamos viendo en Petroria es una respuesta a la generalizada narrativa que hace del pelo africano un problema y que empuja a que tantas mujeres en todo el mundo se sientan presionadas a alisar su cabello. Son todas narrativas asociadas con el pelo liso, que sigue siendo un privilegio y una imposición… Todo lo que está pasando no es sólo por el pelo», explica la bloguera sudafricana Milisuthando Bongela.

Con tan sólo 13 años, Zulaikha sabe muy bien lo que su pelo representa. Pese a que muchos comentarios —casualmente, de gente blanca— insinúan que se trata de otro intento de hacer política de algo estético para tratar de llamar la atención, su hermana, Amira Patel, explicaba lo que ha supuesto para la adolescente mantener su aspecto natural. «Mi hermana ha sufrido bullying muchas veces. Ha tenido que cambiar de escuela tres veces por su pelo. Otros niños se reían de ella y le decían que su pelo parecía un repollo. Se me partía el corazón. Todos los días me la encontraba llorando cuando iba a buscarla a la escuela y contaba que muchos profesores le decían que su pelo era motivo de distracción por su exotismo».

Cansada de sentirse humillada por sus rasgos, Zulaikha decidió escribir una redacción sobre el sufrimiento por el que pasan las mujeres africanas por parte del «privilegio blanco». «Se ha pasado las últimas dos semanas sentada en su habitación, estudiando el Código de Conducta de su instituto. Me pidió información sobre derechos humanos y derechos del niño también. ¿Te lo puedes imaginar? Después compartió toda la información que había encontrado por sí misma y me quedé sorprendida, no pensaba que todo se iba a poner tan serio como está siendo», añade su hermana.

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Su texto hizo que Zulaikha recibiese una amonestación disciplinaria y la amenaza de expulsión, lo que provocó que saltaran las protestas y de nuevo, el debate. «Me dicen que no quieren que vaya a lo afro, no quiero que lleves esto ni lo otro, que hable esta lengua…. ¿Qué esperan que haga? Porque es mi pelo, no lo quiero alisar, lo quiero natural. Y no lo puedo peinar de la manera que quieren que lo haga entre otras cosas porque me hace daño», explicaba a las cámaras de Al Jazeera la estudiante Keratilwe Chiloane, que también participó en las protestas.

Aunque el código de conducta no hace referencia explícita al pelo afro, al insinuar que debe peinarse de una determinada manera, se niega la posibilidad de que muchas estudiantes negras acudan a clase con su pelo en estado natural.

Gran parte de la población siente que el pelo afro sigue siendo motivo de discriminación en un país en el que el pelo ha tenido un gran valor simbólico durante los años de Apartheid.

La «prueba del lápiz» impuesta por la Oficina de Clasificación Racial determinaba si la persona era «blanca» o «mestiza» (coloured): si al colocar un lápiz entre el pelo, se caía, la persona era clasificada como blanca.

Pero si el lápiz se quedaba entre el cabello, la persona sólo podía ser negra o mestiza y, por tanto, su vida quedaba ya condenada a la larga lista de prohibiciones que el sistema segregativo le imponía.

«El pelo es una cuestión política». La escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie habla a menudo sobre la cuestión del pelo en las mujeres africanas. «Alisar tu pelo es como estar en prisión», ha llegado a afirmar. «En mis libros me interesa hablar del pelo como herramienta para hablar de otras cosas: qué es lo que la sociedad nos dice que es bello. Si miras las revistas, si miras la televisión…. la sociedad de masas nos dice que la belleza está en el pelo liso. Y las jóvenes con pelo rizado crecen con eso en la cabeza. Es algo de lo que quiero hablar, es algo que quiero cuestionar».

El pelo afro, una represión histórica

Durante la época colonial se establecieron en América del Norte leyes que obligaban a las mujeres africanas a ocultar su pelo con un pañuelo. Las Tignon Lawsde Luisiana buscaban «preservar la moralidad pública» evitando que se produjesen relaciones interraciales.

Aunque la esclavitud se prohibió en la mayoría del mundo a lo largo del siglo XIX, gran parte de la población negra fue víctima de la presión de encajar en una sociedad mayoritariamente blanca ajustándose a sus propios cánones de belleza. «La gente negra se sintió obligada a suavizar su pelo para encajar más fácilmente, para moverse mejor en la sociedad e incluso para camuflarse dentro de ella», explica Aary Lynch, comisario de la exposición HAIR, que el pasado año pudo verse en la ciudad inglesa de Liverpool.

Alisarse el pelo, suavizarlo hasta perder su identidad, se convirtió para muchas mujeres y hombres negros en una obligación. La industria del alisado creció tanto que a finales del siglo XIX desde Luisiana (precisamente donde nació la norma del pañuelo), la emprendedora de origen africano  C. J. Walker se convirtió según losarchivos del Record Guinnes en la primera millonaria «hecha a sí misma» gracias a sus productos químicos de alisado.

Casi 100 años después, en ese mismo país, el ejército de Estados Unidos establecía una normativa que apelaba explícitamente al cabello de las soldados afroamericanas: prohibidas las rastas, las trenzas pequeñas, los tirabuzones y determinados recogidos.

Prohibidos los rizos afro y sólo apto el alisado. «Durante generaciones y generaciones, la comunidad negra ha vivido con la impresión de que algo malo ocurre con su pelo y que, sólo hasta que se alise, no se volverá aceptable. No estamos hablando de belleza, sino de sobrevivir, de oportunidades económicas», explicaba a la BBC Lori Tharps, una de las autoras del libro Hair Story: Untangling the Roots of Black Hair in America.

Alisarse el pelo ha sido para la población africana de todo el mundo una especie de rito de paso hacia la cultura occidental. También en África.

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«Durante siglos, las mujeres negras de todo el mundo han sido discriminadas por su piel y por su pelo. Los atributos blancos —incluido el pelo liso— siempre han sido visto como superiores. Todavía hoy sigue siendo una realidad. Cuando una mujer negra aparece en las pantallas normalmente lleva el pelo liso», argumentaMilisuthando Bongela. «Creo que el mejor enfoque es volver a asociar con cualidades positivas al pelo africano natural de manera que la gente no tenga que sentir la necesidad de cambiar sus rasgos para aspirar a conceptos como la belleza o el éxito».

Con el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos durante la década de los 60, el Black Power recuperó el pelo afro como elemento identitario: símbolo de rebelión, de orgullo y de empoderamiento. Aquel fue el inicio de la revalorización del pelo africano que, en todo el mundo, ha ido pasando por distintas épocas hasta hoy.

Desde su salón de belleza en la capital dominicana de Santo Domingo, Carolina Contreras, conocida como Miss Rizos, apoya a muchas mujeres en su «transición», como se conoce el proceso de volver del pelo alisado durante años al pelo naturalmente rizado y afro. Ella misma, como cuenta en su blog, pasó por ese proceso al volver al país caribeño después de haber vivido desde la infancia en EEUU.

«Llegaba a mi casa y me miraba en el espejo y me sentía por un lado libre, pero la mayor parte de mí se sentía fea, como un hombre y poco atractiva. Esos sentimientos eran parte de mi proceso. Ellos me permitieron destruir todas esas ideas absurdas de pelo bueno, pelo malo que por tantos años han reinado en mi país. No estoy segura de cuánto tiempo me tomó, pero fueron unos largos meses antes de sentirme verdaderamente cómoda y libre con mi cabello».

Su labor no es solo estética sino de incidencia política sobre la cuestión racial que esconde la estética del pelo.

Junto con Brasil, Estados Unidos, Colombia y Haití, República Dominicana es uno de los cinco países con más población de origen africano fuera de África. De ahí que la cuestión del pelo sea especialmente sensible. En EEUU la comunidad fundada por Leila Noelliste, Black girl with long hair, no ha dejado de crecer y en su web, además de consejos sobre el cuidado del pelo natural, se habla de historia y se denuncian los casos de discriminación que sufren muchas mujeres a causa de su pelo.

La gesta de la joven Zulaikha ha logrado que desde el Ministerio de Educación del país sudafricano se comprometan a revisar las normas del instituto y que la sociedad entera haya vuelto a mirar de frente a la realidad de un sistema educativo que no ha superado del todo las reminiscencias del pasado. La gesta de Zulaikha y de sus compañeras de instituto tenía poco que ver con su pelo y mucho con la historia de su país.

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