Hombre negro, piel blanca. La hazaña de las personas con albinismo

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albinismo

>>> Este reportaje aparece publicado en eldiario.es.

Moszi empezaba una nueva hazaña. La anterior había comenzado semanas antes, al inicio de la huida de su país, Malí, que le llevaría a subirse a una patera en las costas de Marruecos y a emprender un viaje sin retorno hacia Europa. Aquel 29 de marzo de 2009 , Moszi había logrado llegar, junto a otros 60 inmigrantes subsaharianos, a las costas de Tenerife. Había sobrevivido. Terminada esa hazaña, comenzaba la siguiente: conseguir quedarse en Europa para no tener que regresar nunca a su país. Moszi tiene albinismo y en Malí su vida corría peligro: “Se te persigue, se te maltrata o se te mata”, lamenta el joven.

Meses más tarde, la Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR) publicaba en su web el final de la hazaña: Moszi había logrado el asilo. Era la primera vez que en España, y también en Europa, se concedía el estatus de refugiado a una persona con albinismo. El informe del Ministerio resaltaba la vulnerabilidad frente a la violencia y los ataques que su condición genética suponía en su país de origen. Le concedieron el asilo a pesar de que en Malí todavía no se había constatado el peligro de muerte para las personas albinas como sí ocurría en otros países del continente africano, como Tanzania y Burundi.

Moszi, en un fotograma del documental

Más que una hazaña, la de Moszi fue una gesta personal por la supervivencia. Su relato se une al precioso mosaico de historias que conforman el documental Black Man White Skin, con el que el periodista José Manuel Colón, su director, ha querido retratar el albinismo en África. Con la cinta, Colón ha obviado centrase solo en el problema y se ha lanzado a la búsqueda de soluciones.

“Quería tratar el drama de los albinos desde otro punto de vista, no solo la persecución, que es terrible. También el problema del cáncer de piel, buscando puentes para la esperanza y la fe. Y pienso que eso es lo que logrado la película, establecer caminos que sirvan para creer en soluciones a pesar de los problemas. Un mensaje positivo a pesar de la dureza de las historias”, explica el director.

Colón comenzó a fraguar la historia del documental en 2006, después de investigar el caso de la matanza de una persona albina en Tanzania. Años después, tirando del hilo de aquella historia, empezó a conocer testimonios de superación, de solidaridad y de fuerza. Y descubrió a personajes como Shaun Ross, el primer modelo albino que triunfa en las pasarelas de todo el mundo y que, junto a personajes consagrados como el cantante maliense Salif Keita, está contribuyendo a romper prejuicios frente a una condición genética que no es más que eso, una condición genética. “Me dijeron: demuéstrale a la gente que puedes ser un ganador”, dice Ross en la película.

El documental encuentra también historias de determinación como la de la farmacéutica española Mafalda Soto, que después de llamar a muchas puertas, ha conseguido producir localmente desde Tanzania  cremas protectoras para distribuirlas gratuitamente entre la población albina y lograr que el Gobierno tanzano las incluya en el sistema sanitario. O relatos de solidaridad como la de Carmen, que en el documental explica cómo en 24 horas se convirtió en la madre de acogida de Cristina, una niña albina de Mozambique que venía a España a operarse por el terrible cáncer de piel que sufría.

“Me explicaron que en realidad venía a morir dignamente”, puntualizaría Carmen. Cristina superó el cáncer y, gracias a un gran equipo de médicos que trabajaron con ella durante años, ha logrado llevar una vida normal.

Para su director, se trata de un proyecto que une arte y solidaridad. “Me encontré con muchas personas aquí tratando de mejorar la vida de los albinos en África y quise mostrar lo que para mí es un ejemplo auténtico de la marca España. Profesionales médicos, cooperantes, ciudadanos normales que destacan por su generosidad, por la solidaridad, ejemplos de todo un país”, cuenta.

“Encontramos albinos con metástasis diseminadas que se hubieran evitado si los hubiésemos cogido a tiempo”, dice un médico que lucha contra el cáncer en África

Durante el rodaje, Colón acompañó en varias ocasiones al médico español Pedro Jaén y a su equipo de la unidad de Dermatología del hospital Ramón y Cajal de Madrid que cada año viajan a Tanzania para operar a personas con albinismo y para formar a médicos residentes locales.

Y en ese viaje, el espectador se encuentra con todos esos casos en los que la operación sirve para seguir adelante con la vida pero también con las muchas otras veces en las que ya no se puede hacer nada. “Una de las cosas que más impresionan es encontrar albinos con metástasis diseminadas que se hubieran evitado si los hubiésemos cogido a tiempo”, explica uno de los médicos en el documental.

Si en cualquier parte del mundo solo una de cada 20.000 personas nacen con albinismo, en Tanzania, las leyes de la genética hacen que el albinismo prevalezca en uno de cada 2.000 nacimientos. La falta de protección frente al sol y la incidencia del cáncer hacen que su esperanza de vida se sitúe en los 30 años y que apenas un 2% viva más allá de los 40.

Para combatir la otra injusticia –la del rechazo de la sociedad, la de los ataques violentos– el director entrevista a organizaciones que trabajan desde Tanzania para que sea el Gobierno y la comunidad internacional la que impulse los cambios. Con su labor de incidencia, la organización  Under the Same Sun ha contribuido para que desde la ONU se hayan emitido en poco tiempo, y por primera vez en su historia, sendos comunicados denunciando la violencia contra las personas con albinismo en Tanzania.

Black Man White Skin se estrenó el 11 de junio en los Cines Doré de Madrid y recorrerá distintas salas y festivales nacionales e internacionales. La película ve la luz después de cinco largos años de rodaje. “Ha sido una producción dura y larga en el tiempo ante la falta de recursos económicos. Pero los recursos humanos han sido inmensos y me han permitido contar historias muy diferentes y con personajes anónimos y relevantes que han formado una coral que emociona y llega al corazón”, concluye el director.

Niños con nombres de niños

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Blog / Relato

Un niño llama niño a otro niño como él. No sabe su nombre pero después de un rato uno le llama al otro amigo.


Dos niñas juegan con una pelota que no es suya. Se la acaba de prestar la madre de otro niño del que tampoco saben su nombre. Una tira la pelota primero y luego la otra. Ahora se llaman pri y segun.


Tres tizas color azul juegan a dibujar dos niñas y un avión. Otro niño los observa, sonríe, se acerca. Se sienta sobre el avión, vuela.

Era una tarde con aire la de ayer

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Blog / Relato
Aire en Lavapiés

Era una tarde con aire la de ayer. Cayeron algunas ramas, volaron algunas broncas y a un niño se le perdieron dos hojas tamaño cuartilla de su cuaderno de tareas.

En una hoja había un dictado y en la otra un ratón dibujado.

Hubo mucha tarde en el aire de ayer. Se perdieron dos dictados tamaño de rama y un ratón de dibujo empezaba una nueva vida sin cuaderno de broncas.

Nunca se sabe hacia donde soplará el aire.

Caminar por caminar

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Blog / Verso suelto
Camino de santiago

Una camina para reencontrarse con el tiempo perdido
y desde allí -mirada clavada en el paso de las horas-
disfrutar del instante presente.

Una camina para ir soltando piedras de la mochila
y reconocer siempre un camino por el que volver
-quizás algún día o quizás ya nunca.

Una camina porque no encuentra mejor manera
de recorrerse a si misma y de respirar
a todos los seres con los que alguna vez ha caminado.

Una camina para habitar el tiempo paso a paso.

Una camina sin saber por qué camina.

Una camina por caminar.

 

Alvite y el olvido

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Blog / Relato
Jose Luis Alvite

Hay gestos condenados a juntarse. Apoyarse sola en la barra de un bar y ponerse a recordar. Esos gestos. Es imposible no sucumbir a la memoria estando allí asomada, sobre esa línea horizontal al borde del abismo. La soledad es esquivar la mirada a la última página en medio de una multitud de cañas.

Ese vértigo al repudio de la barra hizo que en la adolescencia anduviera siempre buscando maestros en el complejo teorema del bar sin amigos. A los quince años, conocí a los mejores. Mi padre, eterno camionero de gafas oscuras en los bares de la A-6 y Jose Luis Alvite, columnista y creador del umbroso mundo del Bar Savoy. Como algunos de esos gestos, los dos acabaron condenados a juntarse en aquel recorte de La Voz de Galicia que un día mi padre me sacó de su cartera de cuero y puntas gastadas. “Tienes que leerlo Nati, te va a deprimir”. Alvite era triste -yo intentaba serlo- pero sus columnas eran siempre como empujones por la espalda con las que trataba de salvarte. En cada frase, Alvite te invitaba a abandonar esa oscuridad con la que él ya había firmado una hipoteca vitalicia. Con ellos empecé a engancharme al ascetismo de las barras de bar y no me quedó más remedio que hacerme periodista.

Durante años y muchas líneas discontinuas, las conversaciones con mi padre siempre hablaban de Alvite. Él me llamaba desde una carretera de Castilla dirección a Coruña para contarme la última columna que había escuchado en Onda Cero y yo le guardaba -con peligrosidad y alevosía- los recortes de los textos que publicaba en La Razón. Mi padre y yo estábamos unidos por los restos del naufragio que eran siempre las palabras de Alvite y que empujón a empujón, tal vez acabaron echándome de su territorio de tristeza hipotecada. Y mientras yo abandonaba aquel barco, él seguía fumando por la puerta de atrás para labrarse por fin un pasado, como solía escribir. “Quise ser siempre un tipo sin aspiraciones al que le viniese grande la ropa de cualquier mediocre, uno de esos hombres sin suerte en los que solo se fijan la indiferencia, el silencio y alguna bala perdida”.

El lunes pasado me acordé de él, después de años sin asomarme al precipicio de la barra del Savoy. Se había muerto en enero, tres meses y unos días antes de recordarle por última vez. Llamé a mi padre para contárselo y me habló de su cartera de cuero y puntas gastadas. Hay personas condenadas a olvidarse.

“Una niña venía a casa todos los días para que mis hijas tuvieran libros para estudiar”

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Comunicando Infancia / Sin ficción
Save the Children

>>> Esta historia aparece publicada en eldiario.es

Sandra* y Cristina* son gemelas. Casi idéntica sonrisa, once años, ojos grandes, misma altura,  mismo chorro de energía al jugar en el parque. Sandra y Cristina -casi idénticas- comparten también los mismos libros de clase: el dinero en casa no alcanza para que su madre pueda pagar un lote de libros para cada una. Mismo libro de lengua, de mates, de geografía. Antes era peor, el dinero no llegaba para ningún libro y su madre, Sabina, inventaba maneras para que sus hijas no se quedarán atrás en el colegio. “Todos los días venía una amiga a casa a estudiar con ellas y en clase, las dos usaban el libro de la profesora. Era la única manera para que pudieran estudiar y para poder hacer los deberes. La situación económica ha sido tan difícil que hay cosas básicas como libros y ropa que no he tenido la opción de comprar”, lo explica Sabina, que comparte con sus hijas una sonrisa de esas que hacen sonreír.

Para Sabina -32 años,  madre soltera- las cosas comenzaron a complicarse cuando perdió un trabajo más o menos estable. Como una torre de naipes, sin el salario, comenzaron a caerse muchas cosas en casa; la educación de sus hijas y sus tres comidas diarias, fueron las primeras certezas en desmoronarse. “Sin ningún ingreso era difícil darles de cenar y desayunar. Mis hijas comen en el comedor del colegio pero los fines de semana eran duros porque no tenía nada para comer. Conseguía algo de comida pidiendo a los vecinos y amigos”, explica Sabina. Ahora la situación ha cambiado, con el apoyo de Save the Children, las niñas comen en la escuela, cuentan con cheques comida para los alimentos básicos y han podido costearse un lote de libros escolares. “Ahora voy todos los días a recoger comida -al comedor social del barrio- y parte de lo que nos ponen lo dejo para las noches”, cuenta Sabina.

 A Sabina las certezas se le desmoronaron con el trabajo pero también con la caída en picado del apoyo del Estado. Mientras que el precio de los libros ha subido un 4,29% en tan solo tres años, las aportaciones para las ayudas a material escolar han sufrido una disminución de 137 millones de euros (45,2%) en tres cursos académicos, según apunta Save the Children en su último informe, Iluminando el futuro con la educación. Una caída en picado de las certezas para miles de familias en España que evidencia que la equidad educativa es, ahora mismo, una utopía con la que, sin embargo, se podría hacer frente a la pobreza infantil en España.¿De qué sirve que un niño disponga de un aula y un profesor si le faltan los libros, el material escolar o su alimentación no es la adecuada? Una pregunta que indigna y con la que Save the Children está pidiendo firmas para que sean los gobiernos -central y autonómico – los que hagan pública una respuesta. Y para gritar una evidencia: la pobreza infantil es la más dañina, y la que más inequidad provoca en la sociedad.

Son las 11:37 de la mañana y acompaño a Sabina e Isabel a la sucursal de un banco en la que quieren informarse sobre los pisos de alquiler social. Isabel es coordinadora de familias de Save the Children y, como hoy, apoya a Sabina en todas las gestiones que puedan ayudarle a ella y las niñas a mejorar su situación. Isabel tiene a su cargo el apoyo a cerca de 60 familias en Valencia pero el trato evidencia una relación -personal, cercana- de muchos años. “La única ayuda que recibo es la de Save the Children”, me cuenta Sabina. “Si tengo cualquier problema la puedo llamar por teléfono y ella es la que me ayuda a poder solucionarlo. Si tengo que ir al Juzgado, tengo que ir al ambulatorio… en todo lo que me puede ayudar, me ayuda”, y Sabina mira a Isabel con esa sonrisa contagiosa que hace que Isabel le mire a ella, me mire a mi y acabemos todas sonriendo.

El apoyo que Save the Children ofrece a Sabina y las niñas en las gestiones fundamentales, con los cheques de comida y de material escolar y con el refuerzo escolar al que cada día de lunes a jueves acuden las niñas, son pequeñas piezas imprescindibles para un puzzle mucho más grande: que Sandra y Cristina -casi idénticas- disfruten hoy de las mismas oportunidades que el resto de niños para poder ser todo lo que quieran ser.

Un mapa para recorrer -y construir- el Madrid de los afectos

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Z:VIC6. TALLERES48. Seminary IntermediaeCartografiaUAS-Pla

>>> Este artículo aparece publicado en la web de Yorokobu.

Por un lado existe la ciudad habitable y en el otro está la ciudad que se habita. Mientras que la ciudad habitable viene impuesta por planes urbanísticos y políticas bipartidistas, son las personas las que construyen la ciudad habitada. Hay veces en los que las dos ciudades coexisten en un mismo lugar. Madrid, como ejemplo. Una persona puede vivir en la ciudad Madrid habitable y solo transformándola en colectividad disfrutará de esa otra ciudad que se habita.

Han surgido y siguen naciendo en Madrid proyectos ciudadanos que están cambiando la forma en la que las personas se relacionan con la ciudad a partir del afecto. Desde iniciativas como la PAH, huertos urbanos como Esto es Una Plaza, centros sociales como La Karakola o proyectos de mejora del entorno urbano como Paisaje Tetúan o Autobarrios, se ha generado un urbanismo ciudadano en el que los espacios se transforman a partir de las personas.

Para reflexionar y recorrer este Madrid habitado, VIC- Vivero de Iniciativas Ciudadanas- organizó en Matadero el seminario Urbanismo Afectivo en el que tratan de elaborar una cartografía de las relaciones afectivas que estos espacios e iniciativas ciudadanas están generando. «Urbanismo Afectivo es un modo privilegiado de nombrar lo intangible, lo no hablado y poco visible, pero siempre tras los procesos urbanos. Toda forma de urbanismo nos afecta, es una constante en nuestra experiencia urbana», explican desde VIC.

En este Madrid habitado, las afecciones provocan, entre otras cosas, compromiso y acción. Es el caso del relaciones que se generan en torno a laPlataforma de Afectados por la Hipoteca, en donde, tras participar en la paralización de un desahucio uno se ve afectado también lo que le empuja a querer seguir participando.

«El urbanismo ciudadano es un continuo generador de afectos», puntualiza VIC. «Pero no de esa clase de afectos que el poder utiliza para manipular y dominar, sino los nos convierten en personas compartiendo en colectividad: la memoria, la alegría, la comunicación, la autoestima, los cuidados, la indignación, la ayuda y la solidaridad».

A menudo los huertos urbanos transforman comunidades y ciudades. La experiencia de Esta es una Plaza lo confirma: un proyecto de autogestión vecinal en un solar vacío en el barrio de Lavapiés que desde 2008 no solo es un huerto, sino que ha generado relaciones afectivas a través de actividades de crianza compartida, comidas populares, taller de bicis, etc. Las afecciones hacen que actividades propias del entorno doméstico, como el consumo o los cuidados, se amplíen a lo colectivo.

«El huerto no solo me da alimento. Me da compañía, trabajo en comunidad e incluso ya compramos muchas cosas juntos», explica uno de los asiduos al huerto.

«Los afectos se distribuyen y cruzan todos los límites previamente establecidos y no son algo que se dan solo entre las personas que en ellos participan. Se despliegan entre ciudadanos que no habitan en cercanía, como el proyecto de paisaje Tetuán que ha permitido que personas de otros barrios de Madrid vayan a Tetuán con otra mirada, pues de otra manera no habrían caído en ese barrio», explica Mauro Gil-Fournier, de Viveros de Iniciativas Ciudadanas.

Paisaje Tetúan nació en 2013 para explorar las posibilidades de mejora del paisaje urbano mediante las intervenciones artísticas. En la misma línea se enmarca el proyecto PaisajeSur – Autoconstruyendo UseraVillaverde, impulsado por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Calidad del Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Madrid, con el fin de generar procesos de transformación compartida de nuevos espacios junto a los vecinos de cada barrio donde trabajan. Las infraestructuras urbanas que se desarrollan en estos proyectos actúan como mediadoras en el desarrollo de los afectos dentro del urbanismo ciudadano.

Hay proyectos en este recorrido en el que los afectos surgen del interés común por crear espacios de conocimiento colaborativo como el caso del Instituto Do It Yourself  en el barrio de Vallecas, impulsado por el colectivo Todo por la Praxis y donde el aprendizaje tiene lugar a través de la interacción con otros en un contexto de experimentación.

Guiados por esta cartografía, gran parte de los afectos del urbanismo ciudadano se generan en torno a la reivindicación de los espacios. Es el caso del Espacio Vecinal Arganzuela, que ha logrado unir a un enorme grupo de vecinos del barrio en torno a la idea de un transformar el antiguo Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi en un espacio de uso público con fines culturales y sociales. Una demanda histórica en el barrio que las autoridades municipales siguen rechazando.

La Eskalera Karakola, en la calle Embajadores, alberga desde 1996 diversos proyectos impulsados siempre por un deseo político de compartir espacios y vidas, de pensar mejor, de desafiar y reinventar el mundo desde una mirada feminista.

Es innegable que esta intención por transformar colectivamente el entorno cotidiano por el espacio provoca a su vez cambios en el cuerpo de las personas que participan en ella. «El cuerpo como un lugar propio en conflicto registra todas las trayectorias de los procesos del urbanismo ciudadano. Pensemos en la afección que tienen las personas encargadas de la gestión de los conflictos sonoros entre Campo de la Cebada y los vecinos de la Latina. Una llamada a tiempo, soluciona el conflicto, se baja el sonido y punto. Pero la gestión continuada en el tiempo, termina por afectar a la persona y al espacio», añaden desde VIC.

«Urbanismo Afectivo significa entender otros modos de producción performativa de la ciudad. Otras políticas espaciales del afecto son posibles y se están desarrollando en Madrid en estos momentos». Y es en el recorrido por todo este conjunto de espacios y relaciones afectivas, donde Madrid habita.

Una despistada agarrada a su memoria

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Blog / Relato
Mi blog mochila

Me olvido de las cosas importantes y me acuerdo de los detalles que [parece que] no importan. Soy una despistada que vive apegada a la memoria. Si hay un olor, hay un recuerdo – cien sentimientos. No tengo remedio. Pero he decidido finalmente rendirme a esta tendencia mía al recuerdo con churros y al ensimismamiento, no porque cualquier tiempo pasado fue mejor, sino porque con cada memoria aparece una oportunidad para narrar el presente.

En la década de los setenta, un grupo de escritores e intelectuales se agruparon en Francia bajo el nombre común de Oulipo -acrónimo en francés para “taller de literatura potencial”. Con un enfoque profundamente creativo, se apoyaban en el juego para crear literatura. Uno de los miembros del grupo más juguetón fue George Perec que, entre muchos otros juegos, escribió algunas novelas sin utilizar una de las cinco vocales o arrojó al mundo visiones tan frescas como su maravilloso libro La vida instrucciones de uso. Una de las técnicas que el grupo Oulipo propuso fueron los Me Acuerdo, que invitan a trabajar la memoria involuntaria, esa que se ocupa precisamente de los detalles y los recuerdos más insignificantes. El propio Perec escribió en 1978 Je Me souviens, un libro y cuatrocientasochenta anotaciones sobre sus recuerdos más minúsculos. Como él, han sido muchos los textos y muchos las y los autores que han tirado de los Me acuerdo.

Hoy este blog cumple cinco años y me acuerdo. Me acuerdo de que tres horas y media después de crearlo, estábamos buscando cerezos en flor en el Valle del Jerte.

Me acuerdo de la emoción al estrenar una goma de borrar Milán y de las ganas de cambiarla por otra cuando dejaba de ser nueva.

Me acuerdo de que un sábado yo, y otro mi hermano, a las 8 de la mañana nos turnábamos en preguntar ¿podemos levantarnos ya? para ver los dibujos animados.

Me acuerdo de que al inhalar el humo del cigarrillo, a mi abuela, que no tenía dientes, le desaparecían los mofletes.

Me acuerdo del Nolotil que mi otra abuela guardaba siempre en un bolsillo para sentirse a salvo de la muerte.

Me acuerdo del paño de cocina que me ponía sobre la cabeza y que meneaba de un lado a otro como si tuviera el pelo largo.

Me acuerdo de que una vez a la salida de parvulario mi madre me vino a recoger con un traje de cuadros rojos y negros y de que aquel día no hubo nadie en el mundo más hermosa que mi madre.

Me acuerdo de que lo que me gustaba de los zapatos de tacón era el ruido que rompía las aceras.

Me acuerdo de que un día empecé con mi manía de sumar los números de las matrículas para obtener con ellos el número más alto.

Me acuerdo de que los días de lluvia me mareaba menos en los coches porque me entretenía siguiendo el recorrido de las gotas de agua.

Me acuerdo de que un día estaba viendo la tele con mi muñeca al lado cuando decidí que ya nunca más volvería a jugar con muñecas.

Me acuerdo de que todos los sábados acompañaba a mi padre con el camión al “Lavado y Engrase” y de que nunca entendí que algo se limpiara y se manchara en el mismo lugar.

Me acuerdo de que me costó tanto aprenderme el abecedario que el pánico al profesor hacía que vomitase el desayuno todas las mañanas.

Me acuerdo de lo peor de heredar los libros de mi hermano era que la respuesta a los ejercicios siempre estaba mal.

Me acuerdo de que empecé a desayunar cereales con leche solo porque era lo que hacía la gente de la tele.

Me acuerdo de que unas veces bebíamos la marca de leche Ram y otras veces la marca Sam y de que yo nunca entendía que, llamándose casi igual, supiesen tan distintas.

Me acuerdo de que después de ir dos semanas a clases de mecanografía, me pasé varios meses mecanografiando mentalmente mis conversaciones.

Memorias de una despistada que voy guardando en este blog mochila.

“La violencia sexual es el único crimen en el que la víctima se convierte en la culpable”

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Publicado / Sin ficción
El asesinato y violación de Jyoti Singh desató protestas sin precedentes en contra de las violaciones

Este artículo aparece publicado en SModa. 

“La violencia sexual es el único crimen en el que la víctima se convierte en la culpable”. La frase podía leerse en una de las muchas pancartas que ondearon las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar en India en 2012 como reacción al espantoso asesinato de Jyoti Singh por un grupo de hombres en un autobús de Nueva Delhi. La realidad que evidencia la sentencia de esa frase y la increíble reacción de rechazo a la violencia sexual por parte de la sociedad india –sin precedentes en ningún lugar del mundo– fueron las dos razones principales que empujaron a la cineasta británica Leslee Udwin a dejar a su familia en Inglaterra y emprender un viaje de dos años por el subcontinente para realizar el documental India’s daughter.

La película, que iba a presentarse simultáneamente en varios países el próximo domingo 8 de marzo, Día de la Mujer, junto con el lanzamiento de una campaña mundial contra la violencia sexual –y que cuenta con el apoyo de personalidades como Meryl Streep y Freida Pinto–, era prohibida el pasado miércoles en la televisión india por un tribunal de Nueva Delhi. La razón: el documental incluye entrevistas desde la cárcel Tihar a distintos hombres acusados de violación, entre ellos, uno de los asesinos de la joven Jyoti. La prohibición fue emitida en la noche del martes después de que la policía presentase una denuncia por considerar que la película contiene testimonios “que ejercen daño público, que quebrantan la paz y que crea potenciales tensiones y problemas de orden público”, en palabras del portavoz de la policía en India, Rajan Bhagat. El Ministro indio de Asuntos Parlamentarios, M Venkaiah Naidu, ha declarado su intención de que la cinta se prohiba también fuera de India.

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