Alvite y el olvido

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Blog / Relato
Jose Luis Alvite

Hay gestos condenados a juntarse. Apoyarse sola en la barra de un bar y ponerse a recordar. Esos gestos. Es imposible no sucumbir a la memoria estando allí asomada, sobre esa línea horizontal al borde del abismo. La soledad es esquivar la mirada a la última página en medio de una multitud de cañas.

Ese vértigo al repudio de la barra hizo que en la adolescencia anduviera siempre buscando maestros en el complejo teorema del bar sin amigos. A los quince años, conocí a los mejores. Mi padre, eterno camionero de gafas oscuras en los bares de la A-6 y Jose Luis Alvite, columnista y creador del umbroso mundo del Bar Savoy. Como algunos de esos gestos, los dos acabaron condenados a juntarse en aquel recorte de La Voz de Galicia que un día mi padre me sacó de su cartera de cuero y puntas gastadas. “Tienes que leerlo Nati, te va a deprimir”. Alvite era triste -yo intentaba serlo- pero sus columnas eran siempre como empujones por la espalda con las que trataba de salvarte. En cada frase, Alvite te invitaba a abandonar esa oscuridad con la que él ya había firmado una hipoteca vitalicia. Con ellos empecé a engancharme al ascetismo de las barras de bar y no me quedó más remedio que hacerme periodista.

Durante años y muchas líneas discontinuas, las conversaciones con mi padre siempre hablaban de Alvite. Él me llamaba desde una carretera de Castilla dirección a Coruña para contarme la última columna que había escuchado en Onda Cero y yo le guardaba -con peligrosidad y alevosía- los recortes de los textos que publicaba en La Razón. Mi padre y yo estábamos unidos por los restos del naufragio que eran siempre las palabras de Alvite y que empujón a empujón, tal vez acabaron echándome de su territorio de tristeza hipotecada. Y mientras yo abandonaba aquel barco, él seguía fumando por la puerta de atrás para labrarse por fin un pasado, como solía escribir. “Quise ser siempre un tipo sin aspiraciones al que le viniese grande la ropa de cualquier mediocre, uno de esos hombres sin suerte en los que solo se fijan la indiferencia, el silencio y alguna bala perdida”.

El lunes pasado me acordé de él, después de años sin asomarme al precipicio de la barra del Savoy. Se había muerto en enero, tres meses y unos días antes de recordarle por última vez. Llamé a mi padre para contárselo y me habló de su cartera de cuero y puntas gastadas. Hay personas condenadas a olvidarse.

“Una niña venía a casa todos los días para que mis hijas tuvieran libros para estudiar”

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Comunicando Infancia / Sin ficción
Save the Children

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Sandra* y Cristina* son gemelas. Casi idéntica sonrisa, once años, ojos grandes, misma altura,  mismo chorro de energía al jugar en el parque. Sandra y Cristina -casi idénticas- comparten también los mismos libros de clase: el dinero en casa no alcanza para que su madre pueda pagar un lote de libros para cada una. Mismo libro de lengua, de mates, de geografía. Antes era peor, el dinero no llegaba para ningún libro y su madre, Sabina, inventaba maneras para que sus hijas no se quedarán atrás en el colegio. “Todos los días venía una amiga a casa a estudiar con ellas y en clase, las dos usaban el libro de la profesora. Era la única manera para que pudieran estudiar y para poder hacer los deberes. La situación económica ha sido tan difícil que hay cosas básicas como libros y ropa que no he tenido la opción de comprar”, lo explica Sabina, que comparte con sus hijas una sonrisa de esas que hacen sonreír.

Para Sabina -32 años,  madre soltera- las cosas comenzaron a complicarse cuando perdió un trabajo más o menos estable. Como una torre de naipes, sin el salario, comenzaron a caerse muchas cosas en casa; la educación de sus hijas y sus tres comidas diarias, fueron las primeras certezas en desmoronarse. “Sin ningún ingreso era difícil darles de cenar y desayunar. Mis hijas comen en el comedor del colegio pero los fines de semana eran duros porque no tenía nada para comer. Conseguía algo de comida pidiendo a los vecinos y amigos”, explica Sabina. Ahora la situación ha cambiado, con el apoyo de Save the Children, las niñas comen en la escuela, cuentan con cheques comida para los alimentos básicos y han podido costearse un lote de libros escolares. “Ahora voy todos los días a recoger comida -al comedor social del barrio- y parte de lo que nos ponen lo dejo para las noches”, cuenta Sabina.

 A Sabina las certezas se le desmoronaron con el trabajo pero también con la caída en picado del apoyo del Estado. Mientras que el precio de los libros ha subido un 4,29% en tan solo tres años, las aportaciones para las ayudas a material escolar han sufrido una disminución de 137 millones de euros (45,2%) en tres cursos académicos, según apunta Save the Children en su último informe, Iluminando el futuro con la educación. Una caída en picado de las certezas para miles de familias en España que evidencia que la equidad educativa es, ahora mismo, una utopía con la que, sin embargo, se podría hacer frente a la pobreza infantil en España.¿De qué sirve que un niño disponga de un aula y un profesor si le faltan los libros, el material escolar o su alimentación no es la adecuada? Una pregunta que indigna y con la que Save the Children está pidiendo firmas para que sean los gobiernos -central y autonómico – los que hagan pública una respuesta. Y para gritar una evidencia: la pobreza infantil es la más dañina, y la que más inequidad provoca en la sociedad.

Son las 11:37 de la mañana y acompaño a Sabina e Isabel a la sucursal de un banco en la que quieren informarse sobre los pisos de alquiler social. Isabel es coordinadora de familias de Save the Children y, como hoy, apoya a Sabina en todas las gestiones que puedan ayudarle a ella y las niñas a mejorar su situación. Isabel tiene a su cargo el apoyo a cerca de 60 familias en Valencia pero el trato evidencia una relación -personal, cercana- de muchos años. “La única ayuda que recibo es la de Save the Children”, me cuenta Sabina. “Si tengo cualquier problema la puedo llamar por teléfono y ella es la que me ayuda a poder solucionarlo. Si tengo que ir al Juzgado, tengo que ir al ambulatorio… en todo lo que me puede ayudar, me ayuda”, y Sabina mira a Isabel con esa sonrisa contagiosa que hace que Isabel le mire a ella, me mire a mi y acabemos todas sonriendo.

El apoyo que Save the Children ofrece a Sabina y las niñas en las gestiones fundamentales, con los cheques de comida y de material escolar y con el refuerzo escolar al que cada día de lunes a jueves acuden las niñas, son pequeñas piezas imprescindibles para un puzzle mucho más grande: que Sandra y Cristina -casi idénticas- disfruten hoy de las mismas oportunidades que el resto de niños para poder ser todo lo que quieran ser.

Un mapa para recorrer -y construir- el Madrid de los afectos

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Z:VIC6. TALLERES48. Seminary IntermediaeCartografiaUAS-Pla

>>> Este artículo aparece publicado en la web de Yorokobu.

Por un lado existe la ciudad habitable y en el otro está la ciudad que se habita. Mientras que la ciudad habitable viene impuesta por planes urbanísticos y políticas bipartidistas, son las personas las que construyen la ciudad habitada. Hay veces en los que las dos ciudades coexisten en un mismo lugar. Madrid, como ejemplo. Una persona puede vivir en la ciudad Madrid habitable y solo transformándola en colectividad disfrutará de esa otra ciudad que se habita.

Han surgido y siguen naciendo en Madrid proyectos ciudadanos que están cambiando la forma en la que las personas se relacionan con la ciudad a partir del afecto. Desde iniciativas como la PAH, huertos urbanos como Esto es Una Plaza, centros sociales como La Karakola o proyectos de mejora del entorno urbano como Paisaje Tetúan o Autobarrios, se ha generado un urbanismo ciudadano en el que los espacios se transforman a partir de las personas.

Para reflexionar y recorrer este Madrid habitado, VIC- Vivero de Iniciativas Ciudadanas- organizó en Matadero el seminario Urbanismo Afectivo en el que tratan de elaborar una cartografía de las relaciones afectivas que estos espacios e iniciativas ciudadanas están generando. «Urbanismo Afectivo es un modo privilegiado de nombrar lo intangible, lo no hablado y poco visible, pero siempre tras los procesos urbanos. Toda forma de urbanismo nos afecta, es una constante en nuestra experiencia urbana», explican desde VIC.

En este Madrid habitado, las afecciones provocan, entre otras cosas, compromiso y acción. Es el caso del relaciones que se generan en torno a laPlataforma de Afectados por la Hipoteca, en donde, tras participar en la paralización de un desahucio uno se ve afectado también lo que le empuja a querer seguir participando.

«El urbanismo ciudadano es un continuo generador de afectos», puntualiza VIC. «Pero no de esa clase de afectos que el poder utiliza para manipular y dominar, sino los nos convierten en personas compartiendo en colectividad: la memoria, la alegría, la comunicación, la autoestima, los cuidados, la indignación, la ayuda y la solidaridad».

A menudo los huertos urbanos transforman comunidades y ciudades. La experiencia de Esta es una Plaza lo confirma: un proyecto de autogestión vecinal en un solar vacío en el barrio de Lavapiés que desde 2008 no solo es un huerto, sino que ha generado relaciones afectivas a través de actividades de crianza compartida, comidas populares, taller de bicis, etc. Las afecciones hacen que actividades propias del entorno doméstico, como el consumo o los cuidados, se amplíen a lo colectivo.

«El huerto no solo me da alimento. Me da compañía, trabajo en comunidad e incluso ya compramos muchas cosas juntos», explica uno de los asiduos al huerto.

«Los afectos se distribuyen y cruzan todos los límites previamente establecidos y no son algo que se dan solo entre las personas que en ellos participan. Se despliegan entre ciudadanos que no habitan en cercanía, como el proyecto de paisaje Tetuán que ha permitido que personas de otros barrios de Madrid vayan a Tetuán con otra mirada, pues de otra manera no habrían caído en ese barrio», explica Mauro Gil-Fournier, de Viveros de Iniciativas Ciudadanas.

Paisaje Tetúan nació en 2013 para explorar las posibilidades de mejora del paisaje urbano mediante las intervenciones artísticas. En la misma línea se enmarca el proyecto PaisajeSur – Autoconstruyendo UseraVillaverde, impulsado por la Dirección General de Patrimonio Cultural y Calidad del Paisaje Urbano del Ayuntamiento de Madrid, con el fin de generar procesos de transformación compartida de nuevos espacios junto a los vecinos de cada barrio donde trabajan. Las infraestructuras urbanas que se desarrollan en estos proyectos actúan como mediadoras en el desarrollo de los afectos dentro del urbanismo ciudadano.

Hay proyectos en este recorrido en el que los afectos surgen del interés común por crear espacios de conocimiento colaborativo como el caso del Instituto Do It Yourself  en el barrio de Vallecas, impulsado por el colectivo Todo por la Praxis y donde el aprendizaje tiene lugar a través de la interacción con otros en un contexto de experimentación.

Guiados por esta cartografía, gran parte de los afectos del urbanismo ciudadano se generan en torno a la reivindicación de los espacios. Es el caso del Espacio Vecinal Arganzuela, que ha logrado unir a un enorme grupo de vecinos del barrio en torno a la idea de un transformar el antiguo Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi en un espacio de uso público con fines culturales y sociales. Una demanda histórica en el barrio que las autoridades municipales siguen rechazando.

La Eskalera Karakola, en la calle Embajadores, alberga desde 1996 diversos proyectos impulsados siempre por un deseo político de compartir espacios y vidas, de pensar mejor, de desafiar y reinventar el mundo desde una mirada feminista.

Es innegable que esta intención por transformar colectivamente el entorno cotidiano por el espacio provoca a su vez cambios en el cuerpo de las personas que participan en ella. «El cuerpo como un lugar propio en conflicto registra todas las trayectorias de los procesos del urbanismo ciudadano. Pensemos en la afección que tienen las personas encargadas de la gestión de los conflictos sonoros entre Campo de la Cebada y los vecinos de la Latina. Una llamada a tiempo, soluciona el conflicto, se baja el sonido y punto. Pero la gestión continuada en el tiempo, termina por afectar a la persona y al espacio», añaden desde VIC.

«Urbanismo Afectivo significa entender otros modos de producción performativa de la ciudad. Otras políticas espaciales del afecto son posibles y se están desarrollando en Madrid en estos momentos». Y es en el recorrido por todo este conjunto de espacios y relaciones afectivas, donde Madrid habita.

Una despistada agarrada a su memoria

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Blog / Relato
Mi blog mochila

Me olvido de las cosas importantes y me acuerdo de los detalles que [parece que] no importan. Soy una despistada que vive apegada a la memoria. Si hay un olor, hay un recuerdo – cien sentimientos. No tengo remedio. Pero he decidido finalmente rendirme a esta tendencia mía al recuerdo con churros y al ensimismamiento, no porque cualquier tiempo pasado fue mejor, sino porque con cada memoria aparece una oportunidad para narrar el presente.

En la década de los setenta, un grupo de escritores e intelectuales se agruparon en Francia bajo el nombre común de Oulipo -acrónimo en francés para “taller de literatura potencial”. Con un enfoque profundamente creativo, se apoyaban en el juego para crear literatura. Uno de los miembros del grupo más juguetón fue George Perec que, entre muchos otros juegos, escribió algunas novelas sin utilizar una de las cinco vocales o arrojó al mundo visiones tan frescas como su maravilloso libro La vida instrucciones de uso. Una de las técnicas que el grupo Oulipo propuso fueron los Me Acuerdo, que invitan a trabajar la memoria involuntaria, esa que se ocupa precisamente de los detalles y los recuerdos más insignificantes. El propio Perec escribió en 1978 Je Me souviens, un libro y cuatrocientasochenta anotaciones sobre sus recuerdos más minúsculos. Como él, han sido muchos los textos y muchos las y los autores que han tirado de los Me acuerdo.

Hoy este blog cumple cinco años y me acuerdo. Me acuerdo de que tres horas y media después de crearlo, estábamos buscando cerezos en flor en el Valle del Jerte.

Me acuerdo de la emoción al estrenar una goma de borrar Milán y de las ganas de cambiarla por otra cuando dejaba de ser nueva.

Me acuerdo de que un sábado yo, y otro mi hermano, a las 8 de la mañana nos turnábamos en preguntar ¿podemos levantarnos ya? para ver los dibujos animados.

Me acuerdo de que al inhalar el humo del cigarrillo, a mi abuela, que no tenía dientes, le desaparecían los mofletes.

Me acuerdo del Nolotil que mi otra abuela guardaba siempre en un bolsillo para sentirse a salvo de la muerte.

Me acuerdo del paño de cocina que me ponía sobre la cabeza y que meneaba de un lado a otro como si tuviera el pelo largo.

Me acuerdo de que una vez a la salida de parvulario mi madre me vino a recoger con un traje de cuadros rojos y negros y de que aquel día no hubo nadie en el mundo más hermosa que mi madre.

Me acuerdo de que lo que me gustaba de los zapatos de tacón era el ruido que rompía las aceras.

Me acuerdo de que un día empecé con mi manía de sumar los números de las matrículas para obtener con ellos el número más alto.

Me acuerdo de que los días de lluvia me mareaba menos en los coches porque me entretenía siguiendo el recorrido de las gotas de agua.

Me acuerdo de que un día estaba viendo la tele con mi muñeca al lado cuando decidí que ya nunca más volvería a jugar con muñecas.

Me acuerdo de que todos los sábados acompañaba a mi padre con el camión al “Lavado y Engrase” y de que nunca entendí que algo se limpiara y se manchara en el mismo lugar.

Me acuerdo de que me costó tanto aprenderme el abecedario que el pánico al profesor hacía que vomitase el desayuno todas las mañanas.

Me acuerdo de lo peor de heredar los libros de mi hermano era que la respuesta a los ejercicios siempre estaba mal.

Me acuerdo de que empecé a desayunar cereales con leche solo porque era lo que hacía la gente de la tele.

Me acuerdo de que unas veces bebíamos la marca de leche Ram y otras veces la marca Sam y de que yo nunca entendía que, llamándose casi igual, supiesen tan distintas.

Me acuerdo de que después de ir dos semanas a clases de mecanografía, me pasé varios meses mecanografiando mentalmente mis conversaciones.

Memorias de una despistada que voy guardando en este blog mochila.

“La violencia sexual es el único crimen en el que la víctima se convierte en la culpable”

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Publicado / Sin ficción
El asesinato y violación de Jyoti Singh desató protestas sin precedentes en contra de las violaciones

Este artículo aparece publicado en SModa. 

“La violencia sexual es el único crimen en el que la víctima se convierte en la culpable”. La frase podía leerse en una de las muchas pancartas que ondearon las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar en India en 2012 como reacción al espantoso asesinato de Jyoti Singh por un grupo de hombres en un autobús de Nueva Delhi. La realidad que evidencia la sentencia de esa frase y la increíble reacción de rechazo a la violencia sexual por parte de la sociedad india –sin precedentes en ningún lugar del mundo– fueron las dos razones principales que empujaron a la cineasta británica Leslee Udwin a dejar a su familia en Inglaterra y emprender un viaje de dos años por el subcontinente para realizar el documental India’s daughter.

La película, que iba a presentarse simultáneamente en varios países el próximo domingo 8 de marzo, Día de la Mujer, junto con el lanzamiento de una campaña mundial contra la violencia sexual –y que cuenta con el apoyo de personalidades como Meryl Streep y Freida Pinto–, era prohibida el pasado miércoles en la televisión india por un tribunal de Nueva Delhi. La razón: el documental incluye entrevistas desde la cárcel Tihar a distintos hombres acusados de violación, entre ellos, uno de los asesinos de la joven Jyoti. La prohibición fue emitida en la noche del martes después de que la policía presentase una denuncia por considerar que la película contiene testimonios “que ejercen daño público, que quebrantan la paz y que crea potenciales tensiones y problemas de orden público”, en palabras del portavoz de la policía en India, Rajan Bhagat. El Ministro indio de Asuntos Parlamentarios, M Venkaiah Naidu, ha declarado su intención de que la cinta se prohiba también fuera de India.

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Wildtime

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Blog / Comunicando Infancia / Vídeo

WildTime es un proyecto impulsado por mi amiga Israh y Maren en Devon, UK, que pretende ofrecer a las adolescentes la enriquecedora experiencia de sentir la aventura en un momento de transición en sus vidas.

Rodeadas del poder de la naturaleza, las jóvenes aprenderán a desarrollar habilidades esenciales -hacer fuego, construir un refugio, etc- ; a expandir su modo de percepción; a enfrentarse a los retos que se presentan en medio de la naturaleza al tiempo que podrán crear un nuevo mapa de experiencias y relaciones vitales.

Hace unas semanas, disfrutamos de un maravilloso día compartiendo palabras con Kuki y Anya y su manera de estar en el mundo como adolescentes.

Para más información, podéis visitar la página web o seguir el proyecto en Facebook.

 

El violinista en el tablao

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Blog / Relato

En el interior de la caja de un violín se encuentra un poste sonoro al que también llaman alma. Si, también lo llaman alma. A las 19:15 horas del domingo pasado, el violín de mi amigo Ernesto sentía el flamenco en sus cuerdas -y en su alma- por primera vez sobre el escenario. Acostumbrado a tocar música clásica desde pequeño, Ernesto me contaba que tocar flamenco es como aprender un nuevo lenguaje, un código de expresión totalmente distinto y que donde a los flamencos les salía la espontaneidad musical -el duende, lo llaman- Ernesto se afanaba en colocar corcheas y semicorcheas sobre un pentagrama imaginario. Fue maravilloso, todas nos levantamos a aplaudir. A las 23:05 horas la sala estaba llena, allí estábamos todas, corcheas, semicorcheas, duendes y aplausos. Habíamos alucinado con el espectáculo: el alma se había salido del violín y el violinista, en el tablao.

Un cómic y una heroína para tumbar la violencia sexual en India

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Blog / Publicado
priyas shakti

Este artículo aparece publicada en la web de la revista Yorokobu.

Antes de convertirse en la nueva super heroína -la primera- del cómic en India, Priya fue víctima –  o superviviente- de la violencia sexual. Con su shari de color naranja y subida a lomos de un tigre, Priya está dispuesta a derribar a los hombres que la agredieron, pero también a cambiar la actitud de toda una sociedad que permite y justifica la agresión sexual contra las mujeres. Con su sari de color naranja y su existencia ordinaria, Priya es un personaje de ficción que representa la realidad de las 93 mujeres que cada día son violadas en India. Cerca de 4 mujeres cada hora se convierten en víctimas y supervivientes de la violencia sexual en el país.

En diciembre de 2012 y junto a otros cientos de miles de personas, el director de cine de origen indio Ram Devineni estaba en una de las protestas que tuvieron lugar en Nueva Delhi en respuesta a la horrible violación de la joven estudiante de 23 años por un grupo de hombres en un autobús. Cuando Devineni le preguntó su opinión a uno de los policías controlando la manifestación, la respuesta prendió como una mecha: «Ninguna chica decente camina sola por la noche».

Aquella frase y la correspondiente estupefacción indignada de Devieneni fue el inicio de un proyecto transmedia que ya se ha convertido en viral en India. «La respuesta del policía implicaba de alguna manera que la chica se lo merecía o al menos, que era ella la que lo había provocado. En ese momento me di realmente cuenta de que la violencia sexual no era solo un problema de falta de leyes sino, sobre todo, una cuestión cultural», explica Devineni por correo electrónico.

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Verónica y las cuentas imposibles

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Blog / Comunicando Infancia / Publicado

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Hay un ruido en la cocina. Parece que el canario nos ha escuchado llegar a casa. Al lado de su jaula la piscina de la tortuga está rodeada de cartones de leche. “Es para que no se escape. Teníamos otra pero salió de su acuario y se escapó por la ventana”, nos cuenta Verónica. “¿Y qué le dijiste a los niños cuando no la encontraron?”, pregunto yo. “Pues que se escapó por la ventana”. Hay historias que no se pueden maquillar porque las desborda la realidad. Verónica vive con sus tres hijos. Los cuatro viven de los 690 euros que cobra Verónica limpiando. El resto del dinero que sería suficiente para llegar dignamente a fin de mes no existe y por eso Verónica se afana en hacer malabarismos y reducirlo todo a la mínima expresión de sus posibilidades.

Cuando Verónica no puede comprar a sus hijos las cosas que le piden, simplemente se lo explica o busca la alternativa posible en una existencia de recortes cotidianos. “Los niños de su clase celebran el cumple en el parque de bolas. Pero nosotros no podemos”. Verónica deja de hablar, atrapa una lágrima con el dedo, coge aire. “Compro una tarta y lo celebramos en casa” y nos explica que ella también lo pasa mal, que no es fácil tener que decirles continuamente que no a esas cosas. Cuando Verónica habla del cumple, del parque de bolas, de la tarta en casa como única opción, no está hablando de cosas banales. Decir que no a las cosas cotidianas que puede necesitar un niño de su edad -más allá de la necesidad básica de comer, vestirse e ir a la escuela- ocasiona un estrés en el niño y un estrés en los padres que solo conocen los que lo sufren y algunos expertos que se han ocupado de investigarlo. Un estrés que puede tener consecuencias nefastas en el desarrollo del niño, en su educación, y que tiene su origen en la conciencia de la desigualdad: no es lo mismo que un niño esté en las mismas condiciones y circunstancias que el resto de niños de su comunidad que, por el contrario, sienta constantemente la diferencia con los demás. Y lo mismo que les sucede a los niños, les ocurre a los padres que se ven obligados a decirles constantemente que no. No a la excursión. No a esas zapatillas nuevas. No al filete de ternera con patatas fritas que te gusta. No al cumple con tus amigos en el parque de bolas.

De cada tres niños y niñas que viven en España, uno vive en riesgo de pobreza exclusión social. De cada tres, uno. En total, cerca de tres millones de niños y niñas viven hoy en unas circunstancias que deberían corresponder al pasado. “Muchos están en una condición de pobreza que no siempre se ve. La pobreza se traduce en no poder comprar los libros que necesitas, no poder participar en las actividades que el resto de tus compañeros, no poder comprarse unas zapatillas nuevas”, explica Alfredo, coordinador del centro de Save the Children en Leganés. Al centro acuden 75 familias y cada niño se queda una media de tres años en los que los educadores desarrollan un plan de actuación basado en las circunstancias y las necesidades de los niños y las niñas. Además de este centro en Leganés, Save the Children cuenta con 40 centros de atención a la infancia en toda España donde cada día atienden a más de 5.000 niños y niñas. Para la organización, trabajar con el niño o la niña es trabajar con su familia. “Solo trabajando con las madres y los padres podemos cambiar la situación de los niños”, puntualiza Alfredo.

Verónica llegó al centro de Save the Children a través de Servicios Sociales. “Al principio fue muy duro. Izan solo tenía 4 añitos y todo el mundo me decía que era muy conflictivo y yo tenía miedo de que le echasen de todas partes y que tampoco le aceptasen en la escuela. A mí me llamaba loca porque así me llamaba su padre.”. El relato de Verónica se corresponde con el de los educadores del centro de Save the Children al que llegó hace más de dos años. “Al principio era imposible que se centrase en ninguna actividad o que hiciese caso a los educadores”, explica Alfredo, coordinador del Centro. “ Con él trabajamos desde todos los planos, con atención psicológica, apoyo después del colegio y con actividades de juego. Los resultados han sido muy buenos y ha mejorado en todos los aspectos”, añade. “Estoy muy contenta porque en estos dos años he notado un cambio enorme. En el colegio ya casi nunca me hablan de su comportamiento y a mí ahora me respeta. También me han ayudado mucho a saber cómo ponerle los límites y a enseñarle que hay cosas que tiene que hacer aunque no quiera”, explica Verónica. “En el último campamento al que fue hasta le felicitaron por buen comportamiento. Para mí fue una alegría ver que las cosas podían cambiar”, cuenta Verónica.

De lunes a jueves Izan y su hermana acuden dos horas al centro de Save Children donde les apoyan en el estudio, les proponen juegos con otros niños y niñas del barrio y le dan atención psicológica cuando la necesitan. “Ademáscada seis meses me dan un vale para comprar material escolar y ropa para los niños. La verdad es que nos ayudan mucho porque gracias a eso mis hijos visten”, añade Verónica. Y volvemos de nuevo a las cuentas. Con 690 euros al mes, Verónica tiene que comprar la comida y ropa para los cuatro, pagar las facturas, el agua, la calefacción, la luz, pagar todos los gastos. “Ahora tengo que llevarles a los dos al dentista y lo voy retrasando; se que no puede ser, que tienen que ir ya pero es que es otro gasto”. Cada euro es importante y la diferencia que separa lo que se puede hacer y lo que no. “ En verano se fueron de campamentos con Save the Children. Normalmente en los campamentos públicos lo que se paga es la comida pero son más de 100 euros a la semana. Y eso sería imposible imaginarlo. Este año Save the Children pagó también los costes de comedor y se fueron a Córdoba todo el mes de julio. Todo gratis, todo pagado. Se lo pasaron de maravilla”, explica Verónica. Mientras hablamos, continúa el canario lanzando palabras desde la cocina. La vida sigue más allá de las cuentas imposibles.